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Campos de soya en EE.UU
A diferencia de potencias como Rusia o Canadá, el gigante asiático ha optimizado su geografía hasta el punto de que una quinta parte de su población se dedica a labrar su fortuna en el campo
La base de la economía real no está en la nube, sino en el suelo y sus más de 4.600 millones de hectáreas de tierra cultivable: el mapa de la soberanía alimentaria da cuenta de que este patrimonio territorial no solo representa el sustento de la humanidad, sino que también define el peso geopolítico de naciones que han sabido transformar su materia prima en un activo estratégico inalcanzable.
De acuerdo con los registros más recientes de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, FAO, procesados por el Banco Mundial, la lista de 50 países con mayor superficie agrícola posiciona a China como el gigante imbatible, con 520,4 millones de hectáreas, superando incluso a naciones geográficamente más extensas.
A diferencia de potencias como Rusia o Canadá, las cuales cuentan con 215,7 millones y 56,8 millones de hectáreas, respectivamente, cuyo potencial se ve limitado por el rigor de la tundra y los suelos congelados, el gigante asiático ha optimizado su geografía hasta el punto de que una quinta parte de su población se dedica a labrar su fortuna en el campo, consolidándose como el mayor productor y consumidor agrícola del mundo.
Tras los pasos de China, el podio de los principales actores lo completan Estados Unidos, con 421,5 millones de hectáreas, y Australia, con 363,2 millones. A estos los sigue Brasil que tiene una superficie agrícola que se extiende a 236,7 millones de hectáreas.
Aunque estos países están muy cerca entre sí en la escala, sus tierras están especializadas en cultivos diferentes: mientras EE.UU. se configura como el mayor productor de maíz a nivel mundial, Brasil se lleva el primer puesto en el cultivo de soya y caña de azúcar.
En el caso de Australia, este país ha demostrado que una geografía árida no es impedimento para rivalizar en el mercado de las exportaciones de trigo contra naciones de la talla de la India o Ucrania, en donde la superficie agrícola es de aproximadamente 178,5 y 41,3 millones de hectáreas.
Sin embargo, el mapa de la riqueza agrícola no es estático y hoy enfrenta una amenaza directa. En África, continente que aporta casi la mitad de los países con mayor superficie cultivable del mundo, naciones como Sudán, con 112,6 millones de hectáreas, Sudáfrica con 96,3 millones; y Nigeria, con 69,3 millones, lidian con una desertificación que avanza sin tregua.
Este fenómeno, agravado por las altas temperaturas y la sobreexplotación del suelo en la región del Sahel, una franja con una longitud de 6.300 kilómetros que va desde el océano Atlántico hasta el mar Rojo, está reduciendo drásticamente la fertilidad de unas tierras que son vitales para el equilibrio regional.
A futuro, el cambio climático se perfila como una gran amenaza que podría desdibujar y destribuir este ranking de soberanía, al cual se suman otros problemas como la sobreexplotación agrícola y el pastoreo excesivo que provocan erosiones en el suelo y agravan la desertificación. Y aunque el calentamiento global pone en jaque la productividad del sur, también abre la puerta a que regiones del extremo norte, históricamente improductivas, para que se sumen a este inventario agrícola mundial.
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