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Brecha de salarios mínimos en Europa
El salario mínimo mensual va desde US$189 en Ucrania hasta los US$3.114 en Luxemburgo, una brecha de hasta 16 veces que influye directamente en los flujos migratorios
Migrar a Europa sigue siendo, para miles de personas, una de las decisiones más importantes de su vida. La promesa de mejores ingresos, estabilidad laboral y calidad de vida continúa impulsando ese sueño. Pero detrás de esa idea hay una realidad que no siempre se cuenta completa: en Europa no todos ganan igual, y la diferencia entre países puede ser extrema.
Hoy, el salario mínimo mensual en el continente oscila entre 164 euros (US$189) en Ucrania y 2.704 euros (US$3.114) en Luxemburgo. Esto significa que un trabajador en el país mejor remunerado puede ganar hasta 16 veces más que otro en el extremo opuesto del continente.
Esta diferencia no es un detalle menor: es uno de los principales factores que explican por qué millones de personas deciden migrar y también por qué muchas terminan enfrentando realidades muy distintas a las que imaginaron.

Europa no es un mercado laboral uniforme. Mientras algunos países ofrecen salarios mínimos superiores a los US$2.500 mensuales, otros apenas superan los US$600, e incluso menos. En la cima del ranking se encuentra Luxemburgo, con US$3.114, seguido por Irlanda (US$2.628) y Reino Unido (US$2.624). Muy cerca aparecen Países Bajos (US$2.586), Alemania (US$2.488) y Bélgica (US$2.433).
Estos países concentran economías altamente desarrolladas, fuerte presencia empresarial y altos niveles de productividad.
Francia también se ubica en este grupo alto con US$2.076, consolidándose como uno de los destinos atractivos dentro de Europa occidental. Sin embargo, al avanzar hacia el sur y el este del continente, las cifras cambian radicalmente. España, uno de los destinos más buscados por latinoamericanos, registra un salario mínimo de US$1.592, mientras que Portugal se ubica en US$1.169.
Más abajo, en Europa del Este, países como Rumania (US$918), Hungría (US$838) o Bulgaria (US$635) muestran ingresos considerablemente más bajos. En el extremo, Moldavia (US$321) y Ucrania (US$189) evidencian la base más reducida del continente.
Los datos revelan una división entre Europa occidental y oriental. No se trata solo de diferencias económicas, sino de sistemas productivos y calidad de vida. De hecho, solo dos países del este, Polonia (US$1.267) y Eslovenia (US$1.471), superan el umbral de 1.000 euros mensuales.
Para Catherine Pereira, decana de la Escuela Internacional de Ciencias Económicas y Administrativas de la Universidad de La Sabana, esta brecha es clave para entender los flujos migratorios. “La migración hacia distintas partes del mundo es multicausal, pero la diferencia entre los salarios mínimos o las brechas salariales es un factor preponderante de la migración laboral. El hecho de que los salarios sean varias veces superiores a los de los países de origen atrae la migración”.
Aun así, el salario mínimo no siempre es el principal criterio para migrar. En la práctica, las personas suelen fijarse más en cuánto pueden ganar en un empleo específico que en el piso legal. “Las personas, más que tener en cuenta el salario mínimo, miran el salario de los puestos de trabajo a los que estarían aplicando”, señaló Donna Cabrera, investigadora del Centro de Migraciones de la Universidad San Buenaventura. Esto implica que la expectativa de ingreso real depende más del tipo de trabajo que del indicador general del país.
El contexto colombiano también influye en esta percepción. Actualmente, el salario mínimo ronda los US$540 mensuales, incluyendo el auxilio de transporte, lo que hace que incluso los ingresos más bajos de Europa resulten atractivos. Sin embargo, esta comparación puede ser engañosa si no se tienen en cuenta otros factores clave. “No es solo lo que se devenga, sino los gastos que se tienen: arriendo, transporte, comida y deducciones”, advirtió Cabrera, insistiendo en la necesidad de hacer un análisis completo antes de migrar.
Otro aspecto que suele sorprender es que varios de los países más ricos de Europa no tienen salario mínimo legal. En naciones como Suecia, Dinamarca, Finlandia o Noruega, los salarios se establecen mediante convenios colectivos, mientras que en Austria e Italia se fijan a través de acuerdos sectoriales. En Suiza, por ejemplo, no existe un salario mínimo nacional, pero regiones como Ginebra pueden alcanzar ingresos cercanos a 4.667 euros mensuales, muy por encima del promedio europeo.
Para los expertos, esto no reduce el atractivo de estos países. “La existencia o no de una legislación de salario mínimo no afecta la atracción, porque el migrante casi siempre tendrá la oportunidad de devengar ingresos superiores”, explicó Pereira. Es decir, el mercado laboral y las condiciones económicas pesan más que la existencia de una norma específica.
Sin embargo, migrar no está exento de dificultades. Uno de los principales riesgos es la sobrecualificación, cuando profesionales terminan ocupando empleos por debajo de su nivel de formación. “Existe sobrecualificación, precarización laboral y problemas de estabilidad”, destacó el profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad de San Buenaventura, Manuel Camilo González. A esto se suman dificultades de integración y condiciones laborales que no cumplen las expectativas”.
El mismo experto destaca un dato clave para entender la dinámica europea. “Cerca de 47% de la fuerza laboral europea es transnacional”, lo que evidencia una alta movilidad impulsada por los incentivos económicos y salariales. Sin embargo, esa movilidad no siempre garantiza estabilidad ni condiciones dignas.
A esto se suma un factor que muchos migrantes subestiman: el costo de vida. “Muchos migrantes llegan pensando que ganarán más, pero no consideran los gastos. Al final, deben trabajar más horas para sostenerse y enviar remesas”, explicó Cabrera. El precio del arriendo, la alimentación, el transporte y las deducciones por seguridad social pueden reducir el ingreso disponible.
En los últimos años, además, han aumentado los riesgos asociados a la desinformación. “Se presenta información falsa sobre ofertas laborales, lo que puede derivar en explotación o trata de personas”, alertó Cabrera.
Por ello, insiste en la importancia de verificar cualquier oportunidad a través de entidades oficiales como Cancillería, el Ministerio del Trabajo o el Servicio Público de Empleo.
A pesar de estos desafíos, Europa sigue necesitando trabajadores. El envejecimiento de la población ha llevado a implementar políticas para atraer mano de obra extranjera, incluyendo programas de formación, homologación de títulos y estrategias de integración laboral. Esto demuestra que el continente no solo atrae migrantes, sino que depende de ellos para sostener su economía. “La migración está asociada no solo a factores económicos, sino también políticos, sociales y de seguridad”, concluyó Pereira. “El salario es solo una parte de la ecuación”.
Viajar a Europa dejó de ser como antes para los colombianos. La Unión Europea puso en marcha el Sistema de Entradas y Salidas, EES, un modelo que elimina el tradicional sello en el pasaporte y lo reemplaza por un registro biométrico obligatorio en frontera: huellas dactilares y fotografía facial quedarán almacenadas en una base de datos digital cada vez que el viajero entre o salga del espacio Schengen. Aunque Colombia mantiene la exención de visa para estancias de hasta 90 días en un período de 180 días, las autoridades pueden controlar de forma automática cuánto tiempo permanece cada persona y detectar excesos.
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