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Reserva Federal de Estados Unidos mantuvo tasas entre 3,5% y 3,75%
Ayer se llevó a cabo la última reunión de Powell al mando de la Fed antes del relevo en medio de incertidumbre económica que hay por el conflicto global
La decisión de la Reserva Federal de Estados Unidos de mantener ayer su tasa de interés en un rango entre 3,5% y 3,75% no sorprendió a los mercados. La votación terminó ocho a cuatro, una división poco común que no se registraba desde 1992 y que refleja que las dudas sobre el siguiente paso están lejos de resolverse.
Esa diferencia se hizo evidente en los votos. Por un lado, Beth Hammack, Neel Kashkari y Lorie Logan coincidieron en dejar las tasas como estaban, pero no respaldaron el mensaje del comunicado. En concreto, evitaron apoyar la idea de que más adelante podrían darse recortes, porque consideran que aún no hay condiciones claras para anticipar ese movimiento. En otra línea, el gobernador Stephen Miran fue más directo y votó por bajar la tasa de una vez en un cuarto de punto, al considerar que la economía ya da señales suficientes para empezar a aliviar la política monetaria.

Detrás de esas posiciones hay una lectura distinta de los datos recientes, que no terminan de alinearse. La inflación sigue por encima del objetivo de 2% y en marzo mostró un repunte importante, impulsado sobre todo por el aumento en los precios de la gasolina. A eso se suma el efecto de lo que está ocurriendo en Medio Oriente, que ha presionado al alza el precio del petróleo y llevó a la Fed a reconocer en su comunicado un nivel alto de incertidumbre sobre el rumbo de la economía. Por ahora, ese impacto se concentra en energía, pero la preocupación es que, si se mantiene, termine trasladándose a otros bienes y servicios.
Al mismo tiempo, el mercado laboral ha empezado a perder fuerza frente al ritmo que traía en años anteriores. Aunque la tasa de desempleo se ha mantenido relativamente estable, la creación de empleo prácticamente se ha frenado en el último año, lo que deja a la economía en una posición más vulnerable si se presentan nuevos choques. Ese cruce entre una inflación que no cede del todo y un mercado laboral que pierde ritmo ayuda a entender por qué dentro del comité no hay una sola posición.
En ese contexto, cualquier decisión tiene implicaciones claras. Mantener tasas altas ayuda a contener la inflación, pero también limita el crecimiento. Bajarlas puede darle algo de impulso a la actividad, pero con el riesgo de que los precios vuelvan a acelerarse. Ante ese escenario, la Fed optó por no hacer cambios y mantener en su comunicado la referencia al “alcance y momento” de futuros ajustes, sin comprometerse con una dirección específica.
La reunión también estuvo marcada por el momento que atraviesa la entidad. Todo indica que fue una de las últimas de Jerome Powell como presidente, ya que su periodo termina en mayo, aunque dejó claro que planea seguir como miembro de la junta mientras se resuelve por completo la investigación del Departamento de Justicia. En paralelo, Kevin Warsh quedó más cerca de asumir el cargo, en un entorno en el que las decisiones no tienen un camino evidente.
Más allá de la decisión, la votación dejó claro que dentro de la Reserva Federal no todos están viendo lo mismo ni pensando igual sobre cuándo mover la tasa. La diferencia va desde quienes prefieren no hablar todavía de recortes hasta quienes creen que ya se pueden empezar a bajar.
Las reacciones del mercado se sintieron casi de inmediato después de la decisión de la Reserva Federal de Estados Unidos. Las acciones cayeron, al igual que los bonos, en un entorno marcado por la cautela de los inversionistas frente a un panorama menos claro. La referencia más visible fue el aumento en la rentabilidad de los bonos del Tesoro a 10 años, que subió hasta 4,4%, su nivel más alto en un mes. La mayoría de las acciones del S&P 500 cerraron a la baja, aunque el sector tecnológico logró sostenerse mejor.
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