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Todavía hay una gran incertidumbre respecto de si el magnate logrará mantenerse en el cargo o si el exvicepresidente lo logrará

El Cronista

El hombre que todo lo puede está contra las cuerdas, le queda un sólo golpe para recuperar el terreno perdido en los últimos días. El súper martes está cada vez más cerca y las traicioneras encuestas muestran a un Biden muy sólido y respaldado por el partido y la comunidad internacional, y a un Trump obsesionado que sabe que las ventajas a nivel nacional son irrelevantes y los sondeos a nivel estatal pueden fallar.

Lo cierto es que más de 90 millones de ciudadanos estadounidenses ya votaron y luego de lo ocurrido en la última elección, predecir la configuración del electorado presidencial en Estados Unidos se convirtió en el desafío central de esta elección, especialmente para los analistas que hablan de un Trump debilitado por los errores en la gestión de la pandemia y en sus desmesurados ataques a Joe Biden.

Otro factor clave está siendo la activa presencia de el ex presidente Barack Obama y otros referentes demócratas en la campaña que potenciaron la experiencia de Biden y que ilusionan con una renovación del espacio con figuras como Kamala Harris (candidata a vice presidente) y Pete Buttigieg (ex precandidato a presidente).

Por su parte, el equipo de campaña ha tratado de bajar el estilo agresivo de Trump en los últimos días, la mecha chica del actual presidente saben que sus reiterados ataques a la figura y al entorno personal de Biden no fueron bien recibidas en el sector de mujeres suburbanas, un grupo demográfico clave en estas elecciones.

Esta elección no es una más en la historia de Estados Unidos, se trata de dos estilos de liderazgo y de integración en el mundo. Trump es un líder con un 40% de votos cautivos, que nunca le encontró la mano a esta campaña y que a diferencia de la elección pasada no logró imponer sus temas más allá que a sus propia tribuna.

Ante esta situación, el ex vicepresidente de Obama supo construir su propia agenda mediática y política en materia económica, salud, migración e integración internacional y se potencia y fortalece a través de la imagen de Kamala Harris, una candidata a Vicepresidente, que a diferencia de Pence, tracciona votos propios a la fórmula a través de su energía, carácter, empatía, intelecto y humor en las redes sociales acercándose a un público millennial que escapa a Trump y al ala conservadora del Partido Republicano.

Por primera vez desde que se lanzó como candidato a la presidencia, Biden sabe que puede ganar y las encuestas comienzan a jugar a su favor. El equipo de campaña lo sabe y apunta a los Estados clave para consolidar ese resultado. Actualmente, los números que manejan reflejan que el candidato demócrata podría ganar cómodamente en 20 distritos, sumando un total de 232 electores contra los 23 estados en donde Trump se alzaría con la victoria, lo que reflejaría un total de 187 electores.

Frente a este escenario, de los 7 estados que quedan, Pennsylvania, Florida, Michigan y Ohio se perfilan como lugares claves en donde Biden debe crecer fortalecido por su rol en los debates, su responsabilidad ante la pandemia, el apoyo de Barack Obama y por la impronta de Harris.

Estados Unidos tendrá nuevo presidente y el mundo se pregunta si Biden puede vencer a Trump… Por primera vez, la respuesta es sí y Trump lo sabe. Por eso será un spring final en donde los dos se juegan mucho más que el lugar de Presidente de Estados Unidos.