jueves, 20 de junio de 2019

Un estudio del banco mundial reveló que por cada US$1 invertido en obras de infraestructura más responsables se obtiene un beneficio de US$4

Johan Chiquiza Nonsoque - jchiquiza@larepublica.com.co

Tener en cuenta posibles desastres naturales al momento de crear nueva infraestructura en países de ingresos medios y bajos podría generar importantes ahorros en las naciones pertenecientes a este grupo, puesto que, de acuerdo con el Banco Mundial, se estima que el beneficio de la inversión en infraestructura resistente y eficiente -como la denomina la organización-, podría llevar a una disminución en los costos de hasta US$4,2 billones.

Esto quiere decir, según lo reveló el estudio del organismo internacional, que por cada US$1 que se invierte en proyectos de infraestructura eficientes y óptimos, se genera un beneficio de US$4.

“Para los inversores en infraestructura, ya sean gobiernos, bancos de desarrollo o el sector privado, está claro que invertir en infraestructura resistente es a la vez sólido y rentable”, expresó John Roome, director senior de cambio climático del Banco Mundial.

El concepto de infraestructura resistente trabajado por el Banco Mundial tiene en cuenta cuatro conceptos base: energía, agua y sanidad, transporte y telecomunicaciones. A través de estos, se postula que un mal suministro de los mismos generaría efectos directos en temas relacionados con la productividad de las empresas, los ingresos y los empleos que se desprenden de dichas industrias. Con esto, también se afectaría la calidad de vida en general.

Para alcanzar el ahorro prometido de hasta US$4,2 billones, la entidad propuso cuatro recomendaciones: construir instituciones para la resiliencia, incluir a los temas de resistencia en los incentivos y las regulaciones, mejorar en la toma de decisiones y proveer la financiación apropiada.

Hay otra curiosa recomendación, que es “hacer lo correcto”, y aunque suena como una generalidad, el Banco Mundial lo desarrolla en términos de abordar la gestión inapropiada en los sistemas de infraestructura y en el mantenimiento de los mismos elementos.

En la otra gama de elementos, se hace referencia a retos en el campo político, incentivos como método de financiación de la generación de nuevas formas de infraestructura, acceso a mejores datos y modelos a replicar en términos de construcción y concebir mejores métodos de financiamiento, en especial para las primeras etapas de los proyectos, con el fin de desarrollar menores gastos en esta etapa, en vez de desembolsar miles de millones para reparar los errores cometidos.

¿Países vulnerables?

En su informe, el Banco Mundial advirtió que las economías que mayores afectaciones podrían ver a causa de diferentes tipos de desastres naturales son las de Taiwán, Filipinas y Nueva Zelanda. Para el caso de Latinoamérica y el Caribe, son los países de la región de Centroamérica (Guatemala, Nicaragua, Honduras y Costa Rica), los que están más expuestos a este tipo de riesgos. Dependiendo de las condiciones ambientales de cada país, las interrupciones en los servicios bajo los que se desarrolla el informe pueden ser hasta 70% de las veces provenientes de eventos naturales desafortunados.

El líder del estudio, Stephane Hallegatte, explicó que una de las estrategias para mejorar el impacto de temas como desastres ambientales es un diseño más flexible en el que los daños se localicen y no paralicen la economía en general, como pasa actualmente en varias de las latitudes del mundo.

Las estimaciones del Banco Mundial apuntan a que las inundaciones, tormentas, terremotos y los demás riesgos naturales generarían pérdidas equivalentes a US$18.000 millones anuales a los países de ingresos medios y bajos que aún no implementan una construcción que tenga en cuenta estos aspectos.

El reporte destaca que la interrupción de temas relacionados con energía, desprendida de la no utilización de una infraestructura bien pensada, conduciría a pérdidas de hasta US$38.000 anuales, además de otros US$82.000 de disminuciones en ventas por parte de las empresas.

En el estudio también se enlistaron los países que más ingresos deben destinar a atender los daños correspondientes a este tipo de riesgos, siendo el top tres: China, Japón e Indonesia. Con respecto a la región, Brasil México y Bolivia sobresalieron en esta parte del informe.

El ranking también se hizo, pero teniendo en cuenta el porcentaje del Producto Interno Bruto que cada nación debe destinar a la atención de estas temáticas. Allí, Myanmar fue posicionada como la nación que mayor porcentaje del PIB debe dar para este tipo de eventos. Bolivia fue segunda y Liberia tercera. Además de Bolivia, de los estados de la región, solo se vio presencia de Belice en una lista en la que sobresalió la presencia de países de África, Asia y Oceanía.

A lo largo del reporte, Colombia no representó un caso diferencial para el Banco Mundial, en las páginas del informe, solamente se menciona al país cuando se hizo referencia a los lugares con mayores trancones, como uno de los ejes para mejorar la calidad de vida desde la infraestructura.

Los efectos de los daños naturales que pueden sufrir las telecomunicaciones

La no concepción de una infraestructura apropiada con respecto al sector de telecomunicaciones podría llevar casi que en una desconexión total. El reporte del Banco Mundial destaca que las inundaciones podrían afectar los rendimientos de los cables que funcionan por debajo del nivel del mar y los data centers. Así mismo, temas como los terremotos también causarían afectaciones importantes en el sector, principalmente, en temas referentes a puntos de internet y a estaciones terrestres de cables bajo las que se sustentan las comunicaciones.