sábado, 31 de agosto de 2013
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Reuters

Hace apenas 15 meses el presidente ejecutivo Paulo Mendonça confiaba en que OGX Petróleo e Gás Participações iba camino de convertirse en un importante petrolera independiente.

Sí, habían habido algunos contratiempos, pero se estaban corrigiendo. Las acciones de OGX habían perdido un tercio desde un máximo reciente, pero el principal índice bursátil de Brasil y los papeles de otras petroleras también estaban cayendo con fuerza. Todo estaba bien.

Y luego, casi como de pasada al final de la entrevista de una hora, Mendonça dejó caer una bomba: Tubarão Azul, el primer pozo de OGX, estaba bombeando sólo 17.000 barriles equivalentes de petróleo y gas natural por día (bepd) y la meta de entre 40.000 y 50.000 bepd para fin de año iba a “demorar más de lo previsto”.

La admisión de que OGX estaba bajo el pronóstico fue un momento clave en la caída de OGX y, en general, en el colapso del imperio del multimillonario brasileño Eike Batista: el Grupo EBX de petróleo, energía, astilleros, minas y puertos.

Y desde entonces, las cosas han ido de mal en peor. Golpeado por una creciente deuda, una serie de retraso en los proyectos y el desencanto de los inversores, el Grupo EBX formado por seis empresas de capital abierto ha sufrido uno de los colapsos corporativos más espectaculares de la historia reciente.

Hasta la fortuna del propio Batista, que según la revista Forbes era el año pasado el séptimo hombre más rico del mundo, se encogió en más de US$25.000 millones en los últimos 18 meses.

Pero el fracaso de OGX -que arrastró a EBX- fue causado por más que la venta de un sueño arriesgado e incluso inflado, como muchos cuentan.

Batista desestimó alegremente las críticas a medida que vendía a los inversores la promesa de significativas reservas de petróleo, pero él era además el mayor inversor de EBX y metió miles de millones de dólares en las compañías del grupo aún cuando los precios de las acciones caían hasta 90%.

Las empresas también sufrieron de una devastadora mezcla de mala administración, interferencias del Gobierno y el fin del auge global de las materias primas.

“¿Hubo soberbia? ¿Hubo la venta de un sueño con poca consideración por los riesgos reales? Claro”, dijo Aldo Musacchio, profesor asociado de la Escuela de Negocios de la Universidad de Harvard. “Pero al mismo tiempo era más que eso. Muchas de las personas que invirtieron con Batista no eran tontos y su ascenso y caída ha seguido el de Brasil”.

Y hasta cierto punto, Batista está de acuerdo. En una carta fechada el 19 de julio y publicada por dos diarios brasileños, dijo que todo comenzó con OGX. La compañía, escribió, “es el origen de la crisis de credibilidad que ha dañado mi nombre y ha resultado en el ensombrecimiento de los logros y conquistas”.

E insistió además en que no fue el único que creyó que OGX tendría éxito: “Tuve ofertas para vender una gran participación o incluso una participación de control de OGX basada en una valuación de US$30.000 millones”. En el momento en que escribió la carta, el valor de mercado de la petrolera era de US$723 millones.

Batista, OGX y otras compañías del Grupo EBX han declinado repetidos pedidos para discutir con sus ejecutivos las razones del declive del grupo y los esfuerzos de reorganización.

Activos de MMX en Chile a pasan a Cooper Mining
La empresa MMX Mineração e Metálicos, que pertenece al conglomerado de Eike Batista, anunció que vendó la totalidad de sus acciones en la firma chilena Minera MMX al grupo Inversiones Cooper Mining.

El anuncio fue hecho a través un comunicado enviado a la Bolsa de Sao Paulo, en el que no se especificaron valores pero se dijo que, según el acuerdo alcanzado, la empresa brasileña recibirá regalías por cada tonelada de mineral de hierro vendida por la compañía, que será controlada ahora por Cooper Mining, informó EFE.

La venta fue anunciada en medio del plan de reestructuración del conglomerado de empresas de Batista, y es el más reciente esfuerzo para sacar de deuda al conglomerado.

La opinión

Aldo Musacchio
profesor de la Escuela de Negocios de Harvard

“¿Hubo soberbia? Claro. Pero al mismo tiempo era más que eso. Muchas de las personas que invirtieron con Batista no eran tontos”.