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James Alan Robinson, Nobel de Economía, advirtió que el verdadero freno al desarrollo sigue siendo la informalidad, la violencia y el déficit de infraestructura
En un contexto marcado por la discusión sobre el salario mínimo, la caída de la inversión, el deterioro de la seguridad y un déficit fiscal, la mirada de uno de los economistas más influyentes del mundo vuelve a poner el foco en los problemas estructurales de Colombia. James Alan Robinson, Nobel de Economía, se refirió a las instituciones, el populismo y a la infraestructura.

No. Es una mala política para ayudar a los pobres. El salario mínimo beneficia al sector formal, pero la mayoría de los colombianos trabaja en la informalidad y es más pobre que quienes tienen un empleo formal. Como política social, es terrible. Como política populista, es muy buena.
Son estructurales: un sistema judicial débil, problemas de derechos de propiedad, falta de infraestructura y un Estado que no funciona bien. Eso es lo que mantiene a millones de personas atrapadas en la informalidad.
No veo un deterioro grave de las instituciones. Lo que sí veo son muchas políticas equivocadas. Colombia sigue arrastrando los mismos problemas estructurales de siempre: debilidad en la implementación. Eso le ha pasado a gobiernos de derecha y a la izquierda. Hay ideas anticuadas de cómo resolver los problemas, como la reforma agraria, pero no un colapso institucional.
No. El presidente Petro no intentó cambiar la Constitución para perpetuarse en el poder, como ocurrió en otros momentos de la historia. Habrá elecciones, y los votantes podrán evaluar el desempeño del gobierno.
No particularmente. Pero tampoco creo que sean mucho más débiles que hace cuatro años. Ese es mi punto central: Colombia no ha avanzado lo suficiente, pero tampoco ha retrocedido de forma dramática en lo institucional.
Históricamente, la violencia en Colombia ha sido muy localizada. En los años cincuenta, la economía crecía 5% anual. Hoy ocurre algo similar: mientras regiones enteras sufren bajo el control de grupos armados, otras zonas pueden prosperar. La violencia es devastadora para las comunidades que la padecen, pero no siempre se traduce en una caída inmediata del crecimiento agregado.
El déficit tiene dos causas. Primero, políticas populistas: el Estado gasta dinero que no tiene. Segundo, una enorme dificultad para recaudar impuestos. Hay evasión masiva porque no existe confianza en el Estado.
Los ricos no quieren pagar porque pueden autoabastecerse de todo: educación, salud, seguridad. No necesitan al Estado. Los pobres no confían en que el Estado convierta los impuestos en bienes públicos.
*Colaboración especial
*Invitado por CAF
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