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90 veces la apuesta puede pagar una lotería ilegal en juegos más sencillos, frente a 70 veces de la lotería estatal.
Solo en Costa Rica, autoridades estiman que los juegos clandestinos podrían estar moviendo más de US$500 millones al año, una cifra que refleja el tamaño deL mercado
En distintos países del mundo, las loterías ilegales están creciendo a un ritmo que preocupa a los gobiernos. Aunque las apuestas oficiales existen desde hace décadas y financian programas sociales, ahora enfrentan una competencia difícil de controlar: redes informales y plataformas digitales que actualmente mueven millones de dólares y atraen cada día más jugadores.
Solo en Costa Rica, las autoridades estiman que los juegos clandestinos podrían estar moviendo más de US$500 millones al año, una cifra que refleja el tamaño de un mercado que ya compite de tú a tú con la lotería estatal.

En ciudades como San José, los puntos de venta ilegales se multiplican a plena vista. Pequeños comercios, tiendas de barrio y bares ofrecen apuestas sin autorización, muchas veces utilizando los mismos resultados de la lotería oficial para generar confianza entre los jugadores. El atractivo principal está en los pagos. Mientras la lotería estatal puede pagar alrededor de 70 veces una apuesta sencilla, los sistemas ilegales llegan a ofrecer hasta 90 veces el monto jugado, una diferencia que está empujando a miles de personas hacia el mercado informal.
Las loterías oficiales no solo son entretenimiento: en muchos países financian hospitales, programas sociales y ayuda a poblaciones vulnerables. En el caso costarricense, los recursos de la lotería apoyan a adultos mayores, pacientes con enfermedades graves y organizaciones benéficas. Sin embargo, las autoridades reconocen que han perdido terreno. En 2022, el sistema legal ya controlaba menos de la mitad del mercado total, debido al avance de las apuestas no reguladas.
Esto ha generado un impacto directo en instituciones sociales que dependen de esos fondos, algunas de las cuales advierten recortes y posibles cierres por falta de recursos.
El problema no se limita a las calles. En los últimos años han crecido las apuestas deportivas en línea, las aplicaciones de juego y las llamadas “predicciones de mercado”, que mezclan inversión con apuestas.
Este nuevo ecosistema digital ha sido difícil de regular. Países como Estados Unidos, Brasil e India han reportado pérdidas millonarias y han tenido que tomar medidas como bloqueos de sitios, sanciones y procesos judiciales.
A pesar de los intentos de control, las plataformas ilegales suelen adaptarse rápido, creando nuevas páginas o cambiando de jurisdicción.
Las autoridades en varios países coinciden en un mismo diagnóstico: el problema no está creciendo solo por la ilegalidad, sino por la facilidad de acceso y la rapidez de pago que ofrecen estas redes.
En muchos casos, los jugadores reciben su dinero en minutos, sin trámites ni filas, a diferencia de los sistemas oficiales que pueden tardar más en entregar premios.
Además, el juego ilegal se ha expandido en paralelo a otras economías informales y actividades criminales, lo que aumenta la preocupación de los gobiernos en todo el mundo sobre su posible uso para mover dinero de origen ilícito.
Los gobiernos enfrentan un desafío complejo: mantener la financiación de sus programas sociales sin perder competitividad frente a un mercado más rápido, digital y flexible.
Algunas autoridades ya plantean modernizar las leyes, permitir más plataformas digitales oficiales o aumentar los premios para recuperar jugadores. Sin embargo, los cambios han avanzado lentamente.
Mientras tanto, las loterías ilegales siguen creciendo y dejando una pregunta abierta: ¿podrán los Estados recuperar el control de un negocio que, cada vez más, se mueve fuera de su alcance?
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