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GLOBOECONOMÍA ¿Cuatro diferencias insalvables entre Grecia y sus acreedores?
miércoles, 17 de junio de 2015
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Expansión - Madrid

Grecia y los acreedores se acercan cada vez más al filo de un abismo en cuyo fondo asoma, como mínimo, un corralito financiero, y a poco que se pierda el control de la situación, una salida de la zona euro. Pero tienen un problema serio: la solución pasa por que una de las dos partes haga un acto de fe en la otra. Atenas pide una reestructuración de la deuda para poder hacer reformas, y los acreedores reclaman reformas para poder considerar una reestructuración de deuda. La reunión que los ministros de Finanzas de la zona euro celebrarán mañana en Luxemburgo será un buen momento para comprobar si es posible generar ese clima de confianza, porque ahora mismo es inexistente.

El Gobierno griego no se fía de la ortodoxia de sus socios del euro y de la Troika (Comisión Europea, Banco Central Europeo y Fondo Monetario Internacional), a los que acusa de esconder motivos políticos en la negociación. Y estos desconfían en Syriza, la coalición de izquierda radical que llegó al poder en enero y a quien consideran un interlocutor, en el mejor de los casos, poco serio e inexperto, en el peor, deshonesto y tramposo.

Y ayer la retórica volvió a escalar. Alexis Tsipras, primer ministro griego atribuyó al FMI una "responsabilidad criminal" por su papel en los dos rescates que ha recibido el país. Estas palabras, pronunciadas en el Parlamento heleno, se suman a las del lunes, cuando acusó a los acreedores de "saquear" Grecia.

Angela Merkel, canciller alemana, más sibilina, dejó claro que prefiere a Grecia en el euro, pero no a cualquier precio: aseguró estar trabajando para que la permanencia de Grecia en el euro sea "posible", pero advirtió de que para ello hace falta que Atenas llegue a un acuerdo con la troika, algo en lo que asegura "no haber visto ningún avance" reciente.

El Gobierno de Syriza y las tres instituciones llevan cuatro meses negociando un plan de ajustes y reformas que, una vez aprobado por el Eurogrupo e implementado por Atenas, permita desbloquear el pago de US$8.106 millones que ayudarían a evitar un impago soberano en las próximas semanas. La fecha límite con la que trabaja la Troika es el 30 de junio, cuando expira el programa de rescate europeo y Grecia debe abonar 1.500 millones de euros al FMI. De un hipotético impago podría derivarse un corralito financiero y de ahí un Grexident: con el país foralmente dentro de la zona euro, pero con un Gobierno sin euros y forzado a emitir una divisa paralela. Aunque en líneas generales, hay consenso en que un acuerdo sería beneficioso para todos y un desacuerdo perjudicaría también a todos los implicados, las dos partes han llegado a un punto en el que consideran que han cedido lo máximo que podían ceder. Y aun así, sigue habiendo grandes diferencias:

La reestructuración de la deuda

Grecia reclama que el acuerdo incluya una reestructuración de su deuda, que alcanza el 180% de su PIB (alargar vencimientos y reducir tipos de interés, como mínimo, y, como máximo, quitas). Pero los países del euro, aunque no se oponen a tratar eventualmente esta posibilidad, se niegan a incluir ahora ese punto en el acuerdo. Desde noviembre de 2012 condicionaron cualquier hipotético alivio a la carga de la deuda griega a que Grecia cumpliera las condiciones del programa.

Las pensiones

Grecia tiene uno de los sistemas de pensiones más caros de Europa. El gasto en esta partida asciende al 17% del PIB, el más elevado de la UE, y no se sostiene: requiere transferencias del presupuesto equivalentes al 10% del PIB. Los acreedores piden una racionalización que permita ahorrar un 1% del PIB al año y dicen que eso se puede conseguir eliminando incentivos perniciosos a las prejubilaciones o retrasando la edad de jubilación. Pero los griegos dicen que les obligaría a bajar las pensiones y dicen que esa es una línea roja.

Reforma del IVA

Grecia ahora mismo tiene una estructura del IVA muy fragmentada y repleta de excepciones que disminuye su potencial recaudador. En eso hay consenso. Donde surge la discrepancia es en el cómo. Ahora mismo Grecia aplica tres tipos de IVA del 6,5%, el 13% y el 23%. El Gobierno quiere mantener tres pilares, pero del 6%, el 13% y el 23%, pero la Troika asegura que con ese escenario, las cifras no cuadran. En su lugar propone dos tipos, del 11% y del 23%, con muy pocos productos en el tipo bajo.

El mercado laboral y el sector público

Los acreedores reclaman a Grecia una modernización de su marco laboral, que permita que los salarios dependan de la competitividad, de la productividad y del nivel de desempleo del país. En cuanto al sector público, reclaman que las tablas salariales de los funcionarios se modernicen y ajusten en función de las responsabilidades y habilidades de cada uno. Eso sí sin incrementar la masa salarial y reduciendo pagos en especie. Pero Atenas lee esto y solo interpreta una cosa: recortes de salarios. Otra línea roja.

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