Mientras los liberales enfocan su discurso en la protección del ambiente, los conservadores hacen énfasis en el efecto de dichas medidas sobre el bolsillo de las personas

Mauricio Zuluaga

A comienzos de esta semana la Cámara de los Comunes declaró la emergencia ambiental en Canadá. Una semana atrás, el gobierno había anunciado la prohibición de plásticos de un solo uso como estrategia contra el cambio climático.

Con una amplia mayoría, el Legislativo aprobó la moción que fue presentada por la ministra de Medio Ambiente y Cambio Climático, Catherine McKenna, quien argumentó que la declaratoria de emergencia es esencial para cumplir los acuerdos de París. Esta medida se suma al reciente anuncio del gobierno canadiense de prohibir los plásticos de un solo uso en 2021 bajo el mismo argumento. Del efecto que estos anuncios tengan sobre las elecciones del próximo 21 de octubre podría depender que políticos en otras latitudes tomen la bandera ambiental.

Tras la salida de EE.UU. del pacto contra el cambio climático de París, Canadá quedó como la única potencia del continente comprometida con esa meta. El rol de país líder en la lucha en pro del medio ambiente se ha visto reflejado en las medidas adoptadas por el gobierno liberal de Justin Trudeau, que van desde la creación de impuestos a las emisiones de carbono hasta convertir al país en la primera nación en prohibir los plásticos de un solo uso.

Esta última iniciativa va dirigida a un sector que al año genera US$41 billones, según la Asociación Canadiense de la Industria del Plástico, gremio que ha pedido al gobierno que previo a tomar la decisión final sobre qué productos serían eliminados, se evalúe si estos realmente ofrecen una mejor alternativa en términos de materiales reciclable y viabilidad económica.

Un estudio realizado por la Universidad de Dalhousie en Canadá reveló que 89% de los consultados apoya la prohibición de los plásticos de un solo uso, pero al mismo tiempo 83% respondió que no estaría dispuesto a asumir un incremento superior a 2,5% en los precios de los productos que hoy compran, como consecuencia de dicha norma.

Las fuerzas políticas han tomado bando en esta disyuntiva. Mientras los liberales enfocaron su discurso en la protección del medio ambiente, basando su política en encarecer el uso en combustibles fósiles y limitar el uso de materiales; los conservadores hacen énfasis en el efecto que dichas medidas están teniendo sobre el bolsillo de las personas.

El primer round fue por cuenta del impuesto al carbono. Desde el pasado primero de abril el gobierno federal inició el cobro de este tributo en las provincias que no gravaban las emisiones generadas por los combustibles fósiles. Esta medida hizo que Ontario, cuya ciudad principal es Toronto y donde residen la mayor parte de las empresas manufactureras del país, tuviera que empezar a pagar este impuesto verde, lo incrementó el costo d el servicio de energía entre otros.

Desde entonces el primer ministro Trudeau ha justificado este impuesto argumentando que es necesario para cumplir la meta de su gobierno y del pacto de París que busca que para 2030 las emisiones del gas de Canadá se reduzcan en 30% frente a las que se registraban en 2005.

“Necesitamos tomar medidas reales para prevenir el cambio climático. Es por eso que estamos avanzando en gravar la contaminación en todo el país”, afirmó Trudeau esta semana en un evento mientras defendía su política ambiental.

Los conservadores, en cambio, han anunciado que de ganar las elecciones lo revocarían. Su argumento se centra en que el costo de bienes y servicios se ha incrementado para hogares y empresas.

“Bajo el Impuesto al Carbono de Justin Trudeau, el Acuerdo de París está fuera de vigencia. Nuestras emisiones seguirán aumentando, al igual que sus facturas”, señaló esta semana el líder de la oposición Andrew Scheer, quien reemplazaría a Trudeau en caso de que los conservadores obtengan las mayorías en el Legislativo.

El pulso político aún no muestra una ventaja significativa para alguna de las fuerzas. Sin embargo, la última encuesta realizada por Ipsos Canadá reveló que la intención de voto para la primera semana de junio favorecía a los conservadores con 36% de la intención de voto, mientras que 32% respaldaría al primer ministro Trudeau.

Por ahora, Trudeau sigue agitando la bandera del medio ambiente y bajo el lema ‘A cleaner future’ (Un futuro limpio) buscará mantenerse en el poder. Esta semana en una decisión que ha sido catalogada como polémica por el impacto ambiental que podría tener el proyecto, su administración aprobó la construcción de una segunda línea del oleoducto Trans Mountain. Sin embargo, Trudeau insistió en que cada dólar que el gobierno reciba por dicha obra será destinado a financiar la producción de energías limpias. La eficacia política del discurso ambiental se conocerá en cuatro meses.