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Entre 2018 y 2025, más de 400 jardines cerraron sus puertas solo en Bogotá, en medio de un mercado reducido por la menor natalidad, más costos y mayores exigencias regulatorias
Quien hoy recorra distintas zonas de Colombia podrá notar un patrón que se repite. Decenas de jardines infantiles cierran sus puertas o anuncian su retiro del mercado anualmente. Detrás de esas decisiones hay un fenómeno estructural que golpea al sector. Cada vez nacen menos niños en Colombia, más familias optan por alternativas como la educación en casa o buscan opciones que reduzcan costos.
“Solo en enero se registraron aproximadamente 59 cierres de jardines infantiles en Colombia, una cifra que se acerca rápidamente al promedio anual de 90 clausuras, según Martha Valencia de la Roche, presidente de la Asociación Nacional de Preescolar, Andep. El dato enciende alertas sobre la sostenibilidad del sector de educación inicial.
El fenómeno está directamente relacionado con la disminución en los nacimientos. En 2020 se registraron 629.402 nacimientos, cifra que cayó a 616.914 en 2021 y a 573.625 en 2022. La tendencia se acentuó en 2023 con 515.549 (-10,1%) y en 2024 con 453.901 (-12%). Entre enero y julio de 2025 se contabilizan 243.870 nacimientos, lo que confirma que el mercado potencial para la primera infancia continúa reduciéndose.
Cuando se consultó a Ruth Domínguez, presidente de la Asociación de Jardines Infantiles, Jardinco, señaló que las razones detrás de los cierres estarían relacionadas con la caída en la natalidad, el aumento sostenido en los costos operativos, mayores cargas regulatorias y la fuerte competencia del Estado en algunos segmentos.

La dirigente también puso el foco en Bogotá, donde -explicó- existen dos esquemas de regulación para la educación inicial, uno bajo la Secretaría de Educación y otro bajo la Secretaría de Integración Social, lo que genera duplicidades normativas y mayores exigencias para los operadores privados.
No obstante, entre 2018 y 2024 han cerrado 428 jardines en la ciudad, en medio de un entorno marcado por la caída de la natalidad y una reducción progresiva en la demanda. A este panorama se suma la presión sobre la estructura financiera del sector. “Además de la menor matrícula, las instituciones enfrentan una estructura de costos rígida, exigencias crecientes en infraestructura, mayores obligaciones curriculares y retos en la atención a población con inclusión. Todos estos factores están presionando el equilibrio financiero de los jardines infantiles y limitando su sostenibilidad en el mediano plazo”, advirtió Domínguez.
Posible recuperación
Hablando con las asociaciones del sector, desde Andep y Jardinco coinciden en que el momento actual exige algo más que resistir: implica mejorar resultados académicos, fortalecer los procesos pedagógicos y avanzar en modelos de gestión más eficientes y transparentes. Según Valencia, el foco debe estar en elevar la calidad y demostrar con resultados el impacto de la educación inicial.
Domínguez, por su parte, señala que el sector también está explorando esquemas de articulación entre instituciones, alianzas estratégicas y ajustes en sus estructuras operativas para ganar sostenibilidad sin sacrificar estándares educativos. La meta es permanecer en el sistema y adaptarse a una demanda cambiante.
Coinciden en que el debate no debe centrarse únicamente en los cierres, sino en cómo el sistema educativo en su conjunto (público y privado) puede trabajar de manera coordinada.
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