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ECONOMÍA Otra chispa que puede provocar un incendio social en el corazón de Cesar
martes, 26 de marzo de 2013
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Salud Hernández Mora

El día menos pensado vuela una manzana entera por los aires. La Paz, que vive del combustible de contrabando, es un gigantesco depósito de gasolina. No solo el riesgo de una catástrofe puede ser un dolor de cabeza para el gobierno, sino otro conflicto social que estallará cualquier día si no encuentran alternativas atractivas que cambien ilegalidad por negocios rentables.

“La venta de gasolina de contrabando se volvió cultural y el Gobierno Nacional siempre lo permitió”, cuenta uno de los principales contrabandistas, originario de este pueblo situado a solo 17 kilómetros de Valledupar, sobre la carretera nacional, y que en los ochentas fue el mayor productor nacional de cebolla.

“Llevo veinte años de trabajar el combustible, soy uno de los pioneros, y a punta de gasolina eduqué a mis hijos, que son profesionales. Aquí no tenemos alianzas macabras con bandas criminales, como dicen, aquí somos trabajadores de muchos años”, agrega, y pide reserva de su nombre.

El alcalde, Wilson Rincón, admite que el 80% de los habitantes del casco urbano vive de la venta de gasolina que traen de Venezuela de manera ilegal, aunque una vez llega al pueblo, de alguna manera queda legalizada. Tanto es así que cuando los lugareños hablan de bombas, no se refieren a las tres gasolineras que cerraron porque resultaba imposible competir, sino a las informales. Y al igual que las decenas de pimpineros que la comercializan en canecas, no se esconden, están sobre las vías principales, a la luz de todos.

“Los gobiernos nacionales dejaron crecer el problema; si ahora aplicaran la ley, iría a la cárcel casi todo el mundo”, señala el alcalde, natural del corregimiento de San José de Oriente que, al igual del resto del área rural, es de vocación agropecuaria. “Una salida es crear una sede de la Universidad Nacional, por nuestra situación geográfica. Ya tenemos 50 hectáreas. También, ayudar a comercializar los productos que cultivan en las veredas y corregimientos, porque tenemos 354 kilómetros de vías terciarias vueltas nada”, afirma.

“Si legalizaron la gasolina de contrabando en Cúcuta o Arauca, ¿por qué no hacen lo mismo en La Paz?”, sugiere Eduar Ortega, ex candidato a la Alcaldía, comercializador de combustible y jefe de los bomberos voluntarios, un cuerpo que solo cuenta con un vetusto camión, adaptado de manera artesanal a su función de apagafuegos. Cuando el incendio es grande, deben recurrir a Valledupar.

Pero el esfuerzo del gobierno local, regional y central se orienta hacia la búsqueda de otras fuentes de ingresos, y los propios ilegales, agrupados en la cooperativa Multicom, no cierran esa puerta. Con fondos de Fundescat -ONG de Ecopetrol- la Universidad del Cesar censó a 1.011 comerciantes de gasolina de contrabando, cifra por debajo de la real porque muchos no se atrevieron a dar la cara; al tiempo, emprendió un estudio para llevar a cabo la reconversión socio-laboral.

El problema para imponer la legalidad, además de luchar contra una cultura muy arraigada, es ofrecer empleo donde las ganancias sean parecidas no solo para los mayores comerciantes o los que transportan el combustible, sino para los pimpineros, que son el eslabón más débil de la cadena. Cualquiera de ellos saca entre $20.000 y $40.000 diarios, cantidad que nunca obtendrá con los jornales que pagan en fincas ganaderas o agrícolas donde, además, apenas necesitan mano de obra.

“Y no están duro”, señala uno de ellos, que tiene su puesto junto a la carretera. “Vaya usted y trabaje al sol todo el día para sacarse $18.000 en una finca boleando machete. Acá es más tranquilo y uno lleva más plata a la casa”.

La gasolina procede de Venezuela, entra en caravanas de tractomulas y carros por La Guajira y en un punto llamado el Chivo Feliz, pagan a las autoridades y siguen su ruta. “La Policía puede hacerse al día unos $400 millones no solo con la gasolina, sino con las caravanas de los que traen arroz, whisky y otros productos”, señala una persona que viaja en algunas de ellas. “Los muchachos ahorran para comprar un Renault 18, que vale $2 millones, y con él transportan contrabando”.

Pero incluso si lograran transformar la economía local, el problema se trasladaría a Cuatro Vientos, un corregimiento de El Paso que se ha convertido en otra Paz.

“Mientras el precio del combustible en Colombia sea de los más altos del mundo y estemos pegados a quien tiene el precio más barato, la solución será difícil”, señala Wilson Rincón.

La opinión

Wilson Rincón
Alcalde de La Paz

“Mientras el precio del combustible en Colombia sea de los más altos del mundo y estemos pegados a quien tiene el precio más barato, la solución será difícil”.

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