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A nivel global, el stock de activos financieros equivale aproximadamente a seis veces el PIB mundial. En Colombia, los activos del sistema financiero representan menos de dos veces el PIB.
Un análisis de McKinsey señala que Colombia reúne las condiciones para dinamizar su economía. No obstante, necesita transformar la inversión en aumentos reales de productividad
Por Andrés Cadena, socio senior de McKinsey & Company
Con Colombia, la ambición merece ser grande.
Pocos países reúnen tantas ventajas estructurales como el nuestro: una economía diversificada, una ubicación geográfica privilegiada, abundantes recursos naturales, una base empresarial resiliente y un sistema financiero con capacidad para movilizar capital. Sin embargo, esas fortalezas aún no se traducen en un crecimiento sostenido acorde con nuestro potencial. Durante décadas, el crecimiento ha dependido principalmente de la acumulación de capital y trabajo, sin lograr transformar esa inversión en aumentos significativos de productividad.
Ese es el verdadero desafío colombiano. La discusión pública suele concentrarse en cuánto crece la economía. La pregunta realmente importante es otra: ¿Qué tan eficientemente convertimos cada peso invertido en nueva riqueza?
Responderla cambia la conversación. También cambia la magnitud de la oportunidad. Colombia podría aspirar a crecer por encima de 6% anual durante las próximas dos décadas si logra elevar la inversión y, sobre todo, hacerla mucho más productiva.
Durante las últimas dos décadas, la productividad total de los factores restó cerca de un punto porcentual anual al crecimiento económico. Al mismo tiempo, la inversión perdió dinamismo. Mientras las economías que protagonizaron grandes procesos de transformación mantuvieron durante largos períodos tasas superiores a 25% del PIB, en Colombia la formación bruta de capital fijo cayó a 15,7% del PIB en el primer trimestre de 2026, uno de los niveles más bajos registrados en más de dos décadas.
El desafío tampoco es únicamente cuánto invertimos, sino dónde lo hacemos. Buena parte del capital continúa concentrándose en actividades de baja complejidad tecnológica y una fracción importante de la inversión extranjera sigue orientándose hacia sectores extractivos. Con un bono demográfico que comienza a agotarse, esperar ya no es una estrategia. La pregunta ahora es otra: ¿cómo financiar una nueva ola de inversión productiva a la escala que el país necesita?
La buena noticia es que el país no parte de cero. Un análisis de McKinsey & Company identificó más de 170 proyectos en ocho sectores estratégicos. Materializar ese portafolio exigirá movilizar alrededor de USD 224 mil millones mediante una combinación de deuda y patrimonio. Colombia no enfrenta una escasez de proyectos; enfrenta una brecha de capacidad financiera.
El contraste es elocuente. A nivel global, el stock de activos financieros equivale aproximadamente a seis veces el PIB mundial. En Colombia, los activos del sistema financiero representan menos de dos veces el PIB. Esa menor profundidad financiera limita la capacidad para transformar el ahorro en inversión productiva y movilizar el capital que el país necesita.
Cerrar esa brecha debe convertirse en una prioridad nacional. Será indispensable canalizar mejor el ahorro interno, fortalecer el mercado de capitales y atraer inversión extranjera para financiar nuevos proyectos productivos. Pero el financiamiento, por sí solo, no basta. También será necesario impulsar una agenda decidida para elevar la productividad, fortalecer la competencia, ampliar el acceso al crédito para las pequeñas y medianas empresas e invertir en innovación.
La experiencia internacional demuestra que sí es posible. Corea del Sur canalizó el ahorro hacia sectores productivos e Irlanda utilizó la inversión extranjera para elevar su productividad. Colombia no necesita copiar esos modelos, pero sí desarrollar la capacidad de movilizar ahorro, atraer capital y asignarlo con eficiencia.
Los proyectos existen. El capital también. El verdadero desafío es construir la capacidad financiera para conectar ambos. Ese es hoy uno de los principales retos nacionales y una de las mayores oportunidades económicas de nuestra generación.
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