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Kohei Saito, filósofo y profesor de la University of Tokyo, dijo que este enfoque debe estar dirigido al exceso de producción y consumo de países ricos
La teoría del decrecimiento estuvo en el centro del debate en Colombia cuando el actual Gobierno defendió este enfoque como una necesidad para enfrentar la crisis climática. Según su postura, los países desarrollados deben reducir su consumo y producción con el fin de avanzar hacia una sostenibilidad ambiental real.
Kohei Saito, filósofo y profesor de la University of Tokyo, habló sobre esta propuesta en Inside LR y aseguró que, en países como Colombia, este cambio no debe ser inmediato, pues aún se requiere crecimiento. Sin embargo, señaló que sí es una transición necesaria en economías más avanzadas.
Hay mucha extracción en marcha, especialmente de litio y cobre, impulsada por la expansión del capitalismo en el norte global. Sin embargo, esto no es suficiente ni avanza con la rapidez necesaria. Estamos enfrentando una crisis ambiental y ecológica muy seria, y debemos descarbonizar la economía lo antes posible. Aun así, el capitalismo insiste en seguir creciendo.
Intentan producir más vehículos eléctricos y utilizar más paneles solares, pero esta es una forma ineficiente de enfrentar la crisis. Así es como el Acuerdo de París y otras iniciativas han fracasado en gran medida. Por eso necesitamos una transformación mucho más profunda. Yo propongo el decrecimiento como una verdadera alternativa al capitalismo actual.

No estoy diciendo que el decrecimiento sea inmediatamente necesario en el Sur Global, en países como Colombia. Es evidente que ustedes necesitan más crecimiento: construir carreteras, hospitales, escuelas. Eso requiere inversión y, por supuesto, aumentar el PIB.
Mi enfoque se dirige al exceso de producción y consumo en países ricos como Estados Unidos, Japón y otros de Europa. Allí las personas tienen varios autos, viven en casas enormes y consumen grandes cantidades de carne. Ese nivel de consumo es excesivo e insostenible.
Además, no genera felicidad. Compramos constantemente, impulsados por la publicidad, pero siempre queremos más. Esto fomenta la competencia material y deteriora tanto el bienestar como el medio ambiente.

Por eso, aunque el Sur Global no necesita decrecer de inmediato, el Norte Global sí requiere una transformación urgente. Al mismo tiempo, los países en desarrollo deben construir un modelo distinto, que no dependa de la acumulación infinita de capital.
Si todos vivieran como en Estados Unidos, el planeta colapsaría en pocos años. Necesitamos una economía más sostenible y orientada al bienestar.
El capitalismo es un sistema cuyo objetivo es maximizar la acumulación de capital. Las empresas producen, no para satisfacer necesidades, sino para generar ganancias. Este proceso continuo resulta perjudicial para el medio ambiente y, después de cierto punto, pierde sentido. Por ejemplo, la industria de la moda rápida produce más ropa de la que realmente necesitamos.
El decrecimiento no implica volver a la naturaleza, sino enfocarnos en lo esencial. Mientras el capitalismo produce lo rentable, una economía de decrecimiento produciría lo necesario para la vida.
Se trataría de priorizar la naturaleza, el bienestar colectivo y el cuidado mutuo. Es una transformación económica orientada a las personas.

Colombia tiene un excelente ejemplo: la ciclovía en Bogotá. Me sorprendió ver las calles cerradas al tráfico los domingos. Este tipo de iniciativas fomenta la salud, la vida en comunidad y reduce el impacto ambiental. Demuestra que el decrecimiento ya existe en prácticas concretas.
Podemos aprender de ciudades como Barcelona, Bogotá, o naciones como Países Bajos o Japón. La idea es expandir estos modelos.

El capitalismo genera desigualdad al mercantilizar bienes esenciales como el agua, la salud o la educación.
El decrecimiento propone fortalecer los bienes comunes y garantizar el acceso básico para todos. Esto es clave para la clase trabajadora, campesinos y comunidades indígenas. Se trata de reducir la desigualdad creando abundancia en servicios públicos y bienes compartidos.
Ya existen ejemplos, como la ciclovía o las políticas que limitan la extracción de combustibles fósiles. Esto impulsa la inversión en energías renovables, beneficia al medio ambiente y fortalece a las comunidades. Son transformaciones que ya están ocurriendo.
La crisis fiscal no se debe al gasto de la población, sino a estructuras globales como las impuestas por el FMI y el Banco Mundial.
A corto plazo, el carbón puede generar ingresos, pero a largo plazo las energías renovables ofrecen más oportunidades, empleo e innovación. Este camino podría posicionar a Colombia como líder en sostenibilidad.
Japón enfrenta estancamiento económico y envejecimiento poblacional. Ya no puede crecer como antes.
Mi libro sobre decrecimiento tuvo gran acogida porque muchas personas reconocen la necesidad de cambiar. Sin embargo, aún no hay una transformación política significativa. Por eso vine a Colombia: este proceso resulta inspirador y puede aportar ideas para Japón.
El decrecimiento busca una sociedad más justa, democrática y sostenible. El capitalismo genera desigualdad, violencia y dominación. Necesitamos una alternativa más radical, especialmente ante la crisis climática. Si entendemos su verdadero significado, el decrecimiento puede ofrecer un futuro mejor.
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