jueves, 20 de octubre de 2016
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El Economista - Ciudad de México

En los primeros minutos de la noche del miércoles, Trump parecía un candidato diferente al de los dos primeros debates y al desatado Trump de la campaña electoral. Era más tenue, más centrado en la política y, en la sustancia, eficaz en el caso de hacer por sí mismo su argumento en contra de su oponente. Parecía haber disciplinado sus peores instintos.

Pero eso fue sólo por un tiempo. Luego se convirtió en el Trump de la campaña electoral, irritable cuando se le critica, indispuesto a aceptar la evaluación de los servicios de inteligencia acerca de la interferencia de Rusia en la elección, negando las acusaciones de nueve mujeres que han dicho que las manoseó o las besó en contra de su voluntad y en repetidas ocasiones arremetiendo contra su rival. Finalmente, fue el Trump que en los últimos días se ha lanzado en contra de un sistema de elecciones manipuladas. Cuando el moderador Chris Wallace, de Fox News, le preguntó directamente sobre si aceptaría el resultado de la elección como legítima, se mostró elusivo.

Trump dijo que decidirá en el momento, que “iba a mantenernos en suspenso”. Era, como sugirió Wallace, un giro sin precedentes en la historia del país. También fue un gran error. Sin embargo, Trump parecía que no le importaba en lo absoluto. El debate final fue lo que todos esperaban, una repetición de lo que ya se había visto en la campaña. Lo más probable es que poco hará para alterar la trayectoria de la campaña y eso deja a Trump en una posición peligrosa. Clinton llegó al último debate liderando las encuestas y buscando ampliar el mapa electoral.

Sin embargo, el debate de 90 minutos no fue tan fácil para la candidata demócrata. Ella no sólo recibió fuego de Trump, respondió preguntas difíciles de Wallace sobre temas que se habían tratado a la ligera en los dos primeros debates. En cierto modo, cuando la atención se centró en ciertos temas, como el aborto, la inmigración o los impuestos y el gasto, el debate podría haber sido juzgado como el más parejo de los tres.

Ciertamente los partidarios de cada lado, sin duda, vieron una actuación decisiva de parte de su candidato.