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Gerente del Banco de la República, Leonardo Villar
En diciembre de 2025 Emisor preveía IPC de 4,1% al cierre de 2026. Tras primera Junta, ajustaron proyección de inflación a 6,3%
Desde Cartagena se dio inicio hoy al XXVIII Congreso de Tesorería, organizado por Asobancaria. Durante la instalación del evento intervino el gerente del Banco de la República, Leonardo Villar, quien explicó las señales que llevaron al Emisor a frenar el ciclo de reducción de tasas en 2025 y, por el contrario, a decidir un incremento de 100 puntos básicos en la primera reunión de la Junta en 2026.
“En las condiciones actuales, una reducción en las tasas de interés no habría sido consistente con el mandato constitucional de preservar el poder adquisitivo de los colombianos. El Banco de la República se enfrenta hoy al grave riesgo de perder su credibilidad en retornar la inflación a la meta”, señaló Villar.
Esta preocupación se refleja, en parte, en el aumento de las expectativas de inflación del mercado financiero. En diciembre de 2025 se proyectaba una inflación de 4,1%, pero, de acuerdo con el más reciente Informe de Política Monetaria, dicha estimación aumentó en 220 puntos básicos, hasta 6,3% al cierre de 2026.
El gerente agregó que, si bien la caída de la inflación en 2024 marcó un periodo exitoso de la política monetaria y permitió iniciar la reducción de tasas de interés, en 2025 el proceso de desinflación perdió impulso. “En 2024 la inflación se ubicaba en 5,2%, más de dos puntos porcentuales por encima de la meta, y existía la expectativa de que continuara descendiendo. Sin embargo, en 2025 la inflación dejó de caer al mismo ritmo y las expectativas empezaron a aumentar. La inflación total cerró en 5,1%, un nivel muy similar al observado el año anterior”, explicó.
En ese contexto, Villar indicó que los principales factores que llevaron a la Junta a frenar la reducción de tasas fueron las mayores presiones fiscales, el dinamismo de la demanda interna y el incremento del salario mínimo.
“Aunque aún no se conocen cifras oficiales para 2025, los estimativos preliminares indican que el déficit primario habría alcanzado 3,2% del PIB, es decir, tres puntos porcentuales por encima de la expectativa de 2024 (0,2% del PIB). Entre 2023 y 2025, la demanda agregada recibió un impulso inesperado”, afirmó.
Según cifras presentadas por el gerente, la demanda interna ha venido creciendo a ritmos cercanos al 4% real anual, y específicamente en el tercer trimestre de 2025 aumentó 5% real. Si bien este dinamismo ha impulsado un crecimiento significativo del empleo, llevando la tasa de desempleo a niveles históricamente bajos, cercanos a 8%, su sostenibilidad es cuestionable, dado que la reducción del desempleo se sustenta en una demanda que no logra ser plenamente atendida por la oferta interna.
Finalmente, Villar se refirió al impacto del aumento del salario mínimo sobre las decisiones de política monetaria. “Las presiones al alza derivadas del incremento de 11% en 2025 contribuyeron a frenar la caída de la inflación que previamente esperábamos. Además, las expectativas de que se repitiera un aumento similar en el salario mínimo para 2026 impulsaron al alza las expectativas de inflación”, concluyó.
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