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COMERCIO Las Hard Discount llegaron para quedarse
lunes, 2 de octubre de 2017

Los consumidores mejoran su poder adquisitivo

Álvaro Turriago

Desde hace relativamente poco años ha venido consolidándose en el entorno comercial colombiano un novedoso tipo de tienda, con ofertas a precios sorprendentemente bajos. D1, Justo & Bueno y Ara son ejemplos de esta nueva tendencia de tiendas que entregan a sus clientes bienes de consumo de la canasta familiar, de muy buena calidad con precios hasta 30% más baratos, en comparación con los de las tiendas tradicionales.

La acogida que han tenido entre los consumidores colombianos es alta y esto se refleja en la sorprendente difusión y penetración en zonas residenciales -de estratos bajos, medios y altos−, tanto en grandes ciudades como también en ciudades intermedias. El modelo, pensado en un principio para ser desplegado en estratos socioeconómico de bajo poder adquisitivo, sorprende, pues a la fecha hace la mayor parte de las ventas en estratos altos.

Las cifras ratifican la interesante expansión de estos negocios. Ara, por ejemplo, sostiene haber generado a la fecha 2.500 empleos directos con inversión directa en más de 200 locales en todo país, sus planes de expansión a 2020 les lleva a pensar en llegar a las 1.000 tiendas. D1 por su parte reportó la apertura de 150 nuevas tiendas durante 2016, lo que la ubica a la fecha, en un total de 565 establecimientos en Bogotá, Cundinamarca, Antioquia, Risaralda, Caldas, Quindío y Valle del Cauca.

Estas tiendas, de ventas masivas al detalle o retail, despliegan modelos de negocio exitosos que siguen principios de gestión precisos y altamente planificados. Ya Michael Porter en uno de sus últimos escritos, “La creación de valor compartido”, se encargaba de recordarnos que, entre las varias formas de generar valor en la economía, la generación de valor compartido a través de las cadenas de valor era prácticamente la única opción que le quedaba al sistema económico actual para sostenerse.

Entre las estrategias sugeridas por Porter para concretar esta generación de valor compartido, se tiene en primer lugar el tradicional rediseño de productos y mercados a través de la innovación; en segundo lugar, el impulso a la productividad en las cadenas de valor. Esta última opción fue la que escogieron los empresarios del sector comercio en Colombia.

El valor económico en estos negocios se genera directamente en la red de valor al concretar las compras con sus proveedores. La forma de hacerlo es mediante acuerdos con descuentos duros con los proveedores, que permiten a estas tiendas reducir los costos promedios de adquisición, trasladando a los consumidores precios de venta más bajos.

Adicional a lo anterior, debemos resaltar la alta rotación de inventarios de estas tiendas, afortunada circunstancia que a su vez hace que aumente la frecuencia de pedidos a los proveedores, potenciando de esta forma el atractivo de mantener esta modalidad de negocio, pues presenta beneficios a todos los integrantes de la cadena de valor. Si añadimos a todo esto el escrupuloso manejo de gastos operativos y administrativos de estas tiendas (reducidos gastos en publicidad; nóminas reducidas en cada almacén, ahorros significativos en logística), es fácil imaginar los rentables márgenes de ganancia de estos negocios.

Los beneficios sociales de estas nuevas dinámicas empresariales son innegables. Podemos señalar, en primer lugar, el mejoramiento del poder adquisitivo de los colombianos al poder conseguir a menores precios muchos de los productos de la canasta familiar. También están el impulso a la productividad de la economía logrado a través de modelos de negocio eficientes, La generación de empleos directos e indirectos, el aumento de la inversión conseguido por el ensanche que se está haciendo de la infraestructura de producción de estas tiendas, y por último, un cambio de cultura inspirado en trabajo bien hecho que garantiza la calidad de lo que el público consumidor va a recibir y que educa además al consumidor a comprar productos de mejorada calidad.