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CONSUMO El lujo emocional, un negocio en crecimiento
viernes, 23 de agosto de 2013
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Ricardo Kling

Cuando pensamos en un articulo de lujo, normalmente nos imaginamos un costoso accesorio de marca reconocida que por su calidad, exclusividad y estilo se hace excepcional.

Hace años en Colombia pensábamos que el lujo era elitista y antipático, que era una cosa de oligarcas y ofendía la condición de la mayoría de la gente, pero en realidad, esa es una concepción típica del género humano que no se ajusta a la realidad.

Un artículo de lujo es un elemento material con un gran componente emocional. El lujo es algo innecesario pero que conduce al placer y al confort. Es algo que excede lo esencial y resulta aspiracional. Todos los seres humanos por instinto y simple lógica, buscamos más comodidad, más calidad y más exclusividad. Todos deseamos sentirnos especiales y así, apartarnos del común. Todas esas características son en realidad sentimientos que nos llevan a motivar la necesidad del lujo.

El mercado colombiano está lleno de productos “premium” que por su denominación, empaque o calidad, son especiales y buscan un ascenso de categoría para llenar las expectativas de un mercado más exigente. Productos tan básicos como un helado, o un shampoo, o más especiales como un vehiculo o un televisor se tornan lujosos cuando les agregamos, por ejemplo, nueces al helado, un empaque especial al shampoo o vidrios eléctricos al auto y dispositivos especiales al televisor.

El lujo en nuestro país por muchos años fue, lamentablemente, reprimido. Por factores de seguridad, la gente se privaba de comprar automóviles de lujo, accesorios, joyas y relojes y se optó por la cultura del ‘low profile’ que generó que el lujo fuera sólo para ser disfrutado por unos pocos. Igualmente, por muchos años existieron en Colombia medidas aduaneras que hacían muy costoso el desarrollo de este importante renglón de la industria y el comercio. Despúes, un factor cultural incidió en seguir restringiendo el uso del lujo: la influencia del narcotráfico en nuestra sociedad. El poseer ciertos vehículos, apartamentos, relojes o joyas, se convirtió en un sinónimo de la nueva riqueza y se popularizó la cultura anti-mafiosa.

Nadie quería parecerse a ningún extravagante personaje que pudiera lucir ‘traqueto’. Por ello, la discreción se volvió una virtud y la sociedad dejó de lucir con orgullo, como en muchos países, sus muy apreciados accesorios, carros y demás productos que pudieran levantar cualquier duda sobre la procedencia de su fortuna.

Sin embargo, coincidiendo con la gran afluencia financiera del principio del milenio, donde los mercados internacionales motivaron a su vez la cultura mundial del consumo de productos mas sofisticados y lujosos, mezclados con el boom del lejano oriente, se condujo a que la acartonada sociedad colombiana reaccionara y junto con la mejoría de la situación de seguridad del país , una nueva generación redescubriera y aceptara el atractivo natural de lo lujoso.

Ahora, en el país existen casi todas las marcas internacionales de productos de lujo y lo que es más importante, se han generado marcas colombianas que igualan a las grandes y compiten a la par con ellas incluso en el exterior.

Las cifras son todavía parcas pero sin duda es una industria que genera empleo, bienestar y mucha satisfacción. Me atrevería a sugerir que el lujo es un negocio que prospera y genera paz emocional.

Productos que dan satisfacción y orgullo personal
Los artículos de lujo poseen unos elementos básicos que aumentan su valor, como son a la calidad de sus materiales o el sofisticado método artesanal con el que se les da su terminado final. También influyen la tecnología que poseen, la cantidad de funciones o la misma fama que tiene su marca. Pero en general un artículo de lujo proveen a su propietario un orgullo y una satisfacción muy personal.