Se suele creer que para los economistas no existen temas vedados, pero no es así. Hay asuntos en los que muchos analistas prefieren no ver su nombre relacionado. Pero no tienen que ver con narcotráfico o corrupción, sino con el sexo. Al intentar analizar las implicaciones de la infidelidad en la economía, muchos se abstuvieron de comentar. ¿Objeción de conciencia, o temor a los entes de control llamados ‘esposas’?