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Cada cuatro años, siempre pares, la realidad colombiana afronta momentos decisivos en muchos ámbitos y coincidentes: las elecciones presidenciales, la Copa Mundial de la Fifa e, incluso, la Feria Internacional de Bogotá (que es cada dos años), y que generalmente impacta para el fortalecimiento y la innovación empresarial e influye en la toma de decisiones de los directivos. A esos años, como 2022, los caracteriza la ilusión, pero también la incertidumbre: ¿Quién será el próximo Presidente? ¿Cuáles serán sus políticas económicas y sociales? ¿Qué país ganará el Mundial de Qatar?, ¿Qué novedades hay para las empresas? Cada respuesta posiblemente tendrá un impacto en nuestras organizaciones de manera directa o indirecta.
Y aunque estas cuestiones traen algún grado de preocupación, es necesario afianzarnos a la confianza. Condición esta, que nos ha ayudado a superar los últimos dos años, poco fáciles, por cierto; y que, en el caso colombiano, evidenciaron también una profunda crisis social, además de la pandemia que aún afrontamos. Con fortaleza y resiliencia hemos venido saliendo adelante. Y sentimos que es gracias a la confianza entre otros temas, que logramos mantenernos y avanzar.
Aun así, algunos sentimientos de temor y ansiedad afloran entre todos frente a esos interrogantes que esperamos se resuelvan positivamente en el transcurso de los próximos meses. Como líderes, debemos cultivar un alto grado de consciencia y sensatez para que con responsabilidad seamos guía y apoyo de quienes nos rodean en familias, empresas y sociedad en general.
Y, si lo pensamos de manera profunda, hay más motivos para confiar y ser optimistas que razones para lo contrario. Un ejemplo es la más reciente proyección de crecimiento económico para Colombia que, según la Anif, se ubicaría entre 4,1% y 4,4% en 2022. Buena expectativa, sobre todo, teniendo en cuenta las vicisitudes propias de nuestra nueva realidad y la estimación previa de crecimiento, formulada hace apenas unas semanas, que no superaba 3,8%. Con esta, entre otras evidencias propias de un panorama optimista que deberían llevarnos a pensar que el futuro positivo, nuestra labor diaria debe enfocarse en la persistente y decidida construcción de la confianza; labor que no debe parar. Es necesario reflexionar sobre esta realidad. Entenderla nos brindará más elementos para vencer los temores y, a la vez, incrementar las expectativas de un futuro positivo. Creemos que este es un ejercicio permanente que debemos integrar a nuestras rutinas. Y la base para conseguirlo, debe ser la confianza en nosotros mismos. De esta manera, nos fortalecemos y nos equipamos para ejercer un liderazgo positivo en nuestras organizaciones, desde una perspectiva laboral, humana e integral. El ejemplo proyectado es nuestro mayor aliado y la mejor visión que pueden tener nuestros colaboradores. Los invito a reflexionar con la frase de Frank Sonnenberg: “La confianza es como la presión arterial. Es silenciosa, vital para la buena salud, y si se abusa de ella puede ser mortal”.
La confianza implica disposición y generosidad, así como afrontar con optimismo los retos y las dificultades propias de la actual coyuntura. Este será un camino de aprendizaje y crecimiento. Tengamos presente que para crecer debemos creer y ese es un camino de verdadero compromiso con la sociedad, y con nosotros mismos, pues, a su vez, para creer debemos plantearnos propósitos que contribuyan al cambio que anhelamos, en especial en momentos tan cruciales como los que trae 2022.
Tenemos mucho trabajo por hacer; hagámoslo con ilusión y esfuerzo para que los próximos cuatro años sean esperanzadores y de continuo crecimiento personal, empresarial y social.
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