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La hora de la verdad para el consumo

Este va a ser un año de ajuste para la economía colombiana. Uno de los factores que ha hecho posible un crecimiento relativamente bueno en los últimos dos años es la fortaleza de la demanda. La demanda doméstica, tanto privada como pública, alimentó en buena medida el crecimiento del PIB. En 2015 el consumo creció 3,9%, siendo el principal jalonador de la actividad económica.

La fortaleza de la demanda doméstica se refleja en el dinamismo de sectores tales como comercio, que creció 4,1% en 2015, contribuyendo con 0,5 puntos porcentuales a la expansión del PIB en el año. Igualmente, se observa en la inflación de bienes  no transables, que pasó de 4,02% a 4,86% en los últimos seis meses. Esta resistencia de la demanda es sorprendente teniendo en cuenta el choque que enfrentó el sector privado como resultado del desplome del precio del petróleo.  

La demanda privada se mantuvo fuerte durante 2015 a pesar de una depreciación de la moneda de cerca de 80% desde 2013. Esto fue posible gracias a dos factores principalmente. De un lado, durante la mayor parte del año pasado la tasa de desempleo se encontró cerca de su mínimo histórico. Ahora, es importante tener en cuenta que el desempleo es un indicador rezagado de la actividad económica, por lo que se ajusta un tiempo después de iniciada la desaceleración. 

De otra parte, la demanda también se vio alimentada por la disponibilidad de crédito. El crédito de consumo creció a una tasa promedio de 13% en 2015, por encima de la tasa de crecimiento del PIB nominal. 

Ahora bien, todo indica que el panorama para la demanda será distinto este año. De una parte, ya el Banco de la República lleva 7 meses incrementando sus tasas de interés, lo que deberá frenar el ritmo de expansión de la demanda. El crédito de consumo ha comenzado a desacelerarse lentamente, y actualmente crece a una tasa de 11,4%. 

El desempleo también ha comenzado a elevarse; alcanzó 11,9% en enero, más de un punto porcentual por encima de la tasa observada un año atrás. De hecho, la tasa de desempleo para las 13 ciudades principales alcanzó 14,1% para el mismo mes. La ciudad donde se dio el mayor incremento fue Bogotá. 

El pesimismo de los consumidores se hace evidente en la encuesta de confianza del consumidor. En los últimos dos meses, este indicador alcanzó niveles solo comparables con los observados en 2002, de manera que el ciudadano de a pie ya está sintiendo el impacto del choque petrolero y de un peso más débil.  

Así las cosas, sectores como el comercio tendrán un año más difícil. Ahora, otros sectores contribuirán a la actividad económica. La industria, por su parte, tendrá el primer buen año en mucho tiempo. Esto se atribuye en buena medida a la puesta en marcha de la Refinería de Cartagena, que estuvo cerrada durante la mayor parte de 2015. Así mismo, la efectiva ejecución de los proyectos de infraestructura 4G será crucial para el desempeño de la construcción este año. 

El consumo, que ha sido tan importante en los últimos dos años para mantener el ritmo de actividad económica y compensar un sector exportador cada vez más débil, comienza a dar claras señales de desaceleración. Esto es consecuente con el estado de la economía. La menor demanda privada se complementa además con un ajuste en el gasto público, donde el Gobierno se ha visto en la obligación de realizar recortes. Este ajuste de la demanda local es clave para reducir el déficit en cuenta corriente, que aún se encuentra en un nivel excesivamente elevado. El precio a pagar en el corto plazo será menor actividad económica.