Analistas

Igualdad para los hombres

Muchos países han trabajado por décadas en una agenda de género, encaminada a reducir la desigualdad, no obstante los resultados dejan bastante que desear. En los Estados Unidos las mujeres aún tienen sueldos que en promedio son 80% los de los hombres. Esta diferencia salarial ha permanecido intacta desde los años noventa. 

Las diferencias no paran ahí; el número de mujeres en cargos gerenciales aún es muy bajo. Sólo 5% de los CEOs de las empresas Fortune 500 son mujeres. En Noruega, donde se han promovido agresivas políticas de igualdad de género, sólo 6% son mujeres. Esto es sorprendente, teniendo en cuenta que 40% de los graduados de MBA en Estados Unidos son mujeres. 

De hecho, el instituto Brookings encuentra que las diferencias en salario ya no se explican por los niveles de educación.  Actualmente las mujeres estudian tanto como los hombres; en los países de la Oecd, 56% de los estudiantes en la universidad son mujeres. 

La variable clave parece ser los sectores económicos en los que ellas deciden concentrarse. Aparentemente, sectores como educación, salud y humanidades cuentan con una mayor concentración de mujeres, y cuentan en promedio con menor remuneración. Los hombres suelen escoger profesiones como ingeniería y ciencias exactas, que los lleva a ser mayoría en sectores económicos como tecnología, energía y sectores industriales, donde la remuneración es mayor. 

Lo anterior no quiere decir que las mujeres tengan una vocación innata para trabajos menos remunerados; lo interesantes es precisamente que su decisión se ve motivada por factores externos que hacen que dichos trabajos se hayan convertido en estereotipos. Estos incluyen, flexibilidad horaria; variable clave para cuando se tienen hijos. 

Por otro lado, un estudio del Peterson Institute for International Economics, encuentra que si bien el que la CEO de una empresa sea mujer parece tener poco impacto sobre la rentabilidad de una empresa, aquellas empresas con un 30% de participación femenina en cargos directivos presentan un nivel de utilidades 15% mayor que las que tienen menos mujeres. En otras palabras, el liderazgo de las mujeres en las empresas paga. Sin embargo no es fácil que un número suficiente llegue a estos cargos. 

La razón suele estar asociada con la maternidad; las labores asociadas a los hijos aún se perciben como principalmente de las mujeres, lo que motiva que ellas busquen jornadas laborales flexibles. Licencias de maternidad prolongadas no parecen ser la solución; de hecho en los países nórdicos han generado consecuencias no deseadas, ya que la percepción es que la mujer pierde experiencia mientras que sus pares hombres siguen ascendiendo en su carrera laboral.  

La solución parece estar en hacer más equitativas, desde la ley, las responsabilidades de crianza, de manera que estas no recaigan excesivamente sobre las mujeres. Un ejemplo en este sentido lo constituyen las licencias de maternidad/paternidad compartidas, como las adoptadas en el Reino Unido, donde ambos padres pueden decidir cómo repartir el tiempo de la licencia entre ellos. Adicionalmente se requiere mayor flexibilidad horaria, y apoyo para la crianza, en sitios de trabajo tradicionalmente ocupados por hombres. 

Las políticas de igualdad de género no pueden limitarse a contratar mujeres por el hecho de ser mujeres, o en garantizar condiciones equitativas de acceso a la educación. Se requiere apoyo en el trabajo para tanto hombres como mujeres en el periodo de crianza de los hijos.