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ANALISTAS 25/08/2026

Entre los escombros encontramos lo que nos une

Sofía Spaggiari Pineda
CEO de Yo Vivo En Gratitud

Hace unos días Colombia estaba dividida. Las votaciones nos dejaron conversaciones difíciles, diferencias profundas y, en muchos casos, la sensación de que estábamos mirando al otro desde una orilla distinta. Cada uno defendiendo sus ideas, sus decisiones, sus convicciones. Parecía que las diferencias eran más grandes que aquello que compartíamos.

Y entonces la tierra tembló.

Durante unos segundos, las discusiones quedaron en silencio. De repente, ya no importaba por quién había votado el otro, ni su forma de pensar, su profesión, su condición económica o el lugar donde vivía. Importaba saber si estaba bien. “¿Estás bien?”. Esa pregunta recorrió hogares, familias, grupos de WhatsApp, barrios y ciudades. Y quizás, sin darnos cuenta, nos recordó algo que nunca debimos olvidar: antes que cualquier diferencia, somos seres humanos. Y somos colombianos.

El terremoto dejó grietas en paredes, calles y edificaciones, pero también abrió otras, mucho más profundas, que nos permitieron mirar hacia adentro y descubrir lo que verdaderamente nos sostiene. En medio de los escombros aparecieron manos. Manos que ayudaron, cargaron, cocinaron, donaron, abrazaron y acompañaron. Manos que no preguntaron por quién votaste antes de ayudarte.

Y qué lindo recordar que eso también somos.

Somos el vecino que abre su puerta. La persona que comparte lo poco que tiene. El empresario que ofrece una ayuda. El joven que carga una caja. La mujer que cocina para una familia que no conoce. El médico que entrega su tiempo. El conductor que lleva una donación. El comerciante que vuelve a abrir su negocio porque sabe que muchas familias dependen de él.

En los momentos más difíciles aparecen versiones de nosotros que quizá habíamos olvidado: la solidaridad, la empatía, la generosidad y esa capacidad tan nuestra de unirnos cuando alguien nos necesita.

Y probablemente por eso, mientras miramos las edificaciones que tendremos que reconstruir, también deberíamos mirar todo lo que quedó en pie. Porque no todo se cayó. Quedó la voluntad de ayudar. Quedó la capacidad de abrazarnos. Quedó la esperanza. Quedó la comunidad. Quedó esa frase sencilla que puede significarlo todo: “Aquí estoy. ¿Qué necesitas?”.

Tal vez el terremoto derrumbó algunas paredes, pero también derribó algunas de las máscaras detrás de las cuales nos escondemos todos los días. Nos recordó que podemos pensar diferente y aun así cuidarnos. Que podemos votar diferente y aun así abrazarnos. Que podemos tener opiniones distintas y seguir perteneciendo al mismo país. Que ninguna diferencia debería hacernos olvidar que, cuando alguien necesita ayuda, primero está su humanidad.

Porque Colombia no es solamente un territorio. Colombia somos nosotros. Somos nuestras familias, nuestras montañas, nuestras ciudades, nuestros pueblos, nuestros negocios, nuestros niños, nuestros adultos mayores y todas esas personas que cada día levantan este país con su trabajo.

Colombia también es esa capacidad de levantarnos después de caer.

Y ahora tenemos una oportunidad. No solamente de reconstruir edificios, sino también de reconstruir puentes entre nosotros. De volver a conversar, de escuchar al que piensa diferente, de entender que tener una opinión distinta no convierte al otro en nuestro enemigo. Quizás podamos descubrir que la diversidad no tiene que dividirnos; también puede enriquecernos.

Las grietas que dejó este terremoto permanecerán durante mucho tiempo como memoria de lo ocurrido. Y está bien. Algunas cicatrices no tienen que desaparecer para que podamos seguir adelante. Podemos mirarlas y recordar que, en medio de una situación profundamente difícil, Colombia volvió a encontrarse. Volvió a mirarse. Volvió a ayudarse. Volvió a abrazarse.

Y eso merece ser cuidado.

Por eso hoy quiero proponerte algo: la próxima vez que alguien piense diferente a ti, antes de levantar una barrera, recuerda estos días. Recuerda que cuando la tierra tembló no preguntamos quién era el otro. Preguntamos si estaba bien.

Sigamos haciéndolo.

Porque el verdadero desafío después del terremoto no sea solamente reconstruir lo que se cayó, sino conservar aquello que descubrimos entre los escombros: la solidaridad que nos une, la empatía que nos acerca y la esperanza que nos levanta.

Hoy agradezco por Colombia. Agradezco por cada mano que apareció, por cada persona que ayudó, por cada abrazo y por cada gesto que nos recordó quiénes somos.
Y te dejo una pregunta: ¿qué podemos hacer cada uno de nosotros para que esta unión no dure solamente mientras pasa la emergencia?

Porque las paredes se pueden reconstruir. Las calles pueden volver a llenarse. Los negocios pueden volver a abrir. Pero el corazón de un país se construye cada día. Y quizás hoy tengamos una oportunidad maravillosa de construirlo juntos.

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