MI SELECCIÓN DE NOTICIAS
Noticias personalizadas, de acuerdo a sus temas de interés
Tomo la expresión “palabrero”, usada en un escrito reciente del admirado profesor Moisés Wasserman, quien fue rector de la Universidad Nacional de Colombia. La palabra se aplica a quienes hablan, impresionan y prometen mucho, pero sin cumplir. Sus argumentos se fundamentan en creencias personales sin base seria, real y, al menos, estudiada. La solución de las necesidades de la gente es un terreno apetecido por los “palabreros”, pero solo enunciándolas y “más nada”.
Miren. Entre 2002 y 2022, cinco gobiernos, la tasa promedio de crecimiento anual de la economía fue de 4%. En el cuatrienio 2023-2026 escasamente se llegará a 2% promedio anual y, para recuperar el promedio hasta 2022, se requiere que el crecimiento sea un imposible 6,2% hasta 2030. Pero la “palabrería” alega que la economía va mejor porque hay mayor consumo, producto de un mayor gasto público, el aumento del salario mínimo y los dólares que llegan por actividades ilegales.
Pero los datos están ahí. Entre 2022 y 2024 se liquidaron en el país 734.131 negocios, 105.000 más que en los años de pandemia, y solo en 2024 desaparecieron más de 40% del registro de 2020, año del covid. Las firmas que nacieron en 2024, que fueron 297.475, son las peores desde 2018. Y en 2025 hubo una baja de 20% en los negocios nuevos. Lo muestran datos de Informa Colombia. En 2025 se liquidaron 177.000 negocios, de los cuales 174.000 fueron microempresas. “Lo que se observa en 2025 no es una recuperación, sino una normalización del deterioro”, señala el informe, lo cual demuestra que la “palabrería” del programa “estrella” de la economía popular fue un gran fracaso. Así de simple.
Otro caso. Tomando una idea global de hacer una transición energética para mitigar el calentamiento, en febrero de 2023 Gustavo Petro y su ministra Irene Vélez le anunciaron al mundo que Colombia paraba nuevas exploraciones y contratos de petróleo, gas y carbón, como efectivamente se hizo, pero la palabrería no estaba sustentada en la inteligencia para dar una salida. Se derrumbaron las exportaciones de esos productos y, de requerir un porcentaje muy bajo de importaciones de gas, hoy estamos próximos a llegar a 40%, con un impacto brutal sobre las familias colombianas, que verán subir su factura en más de 30% muy próximamente. La palabrería incluía la aseveración de Irene de que Colombia no tendría escasez de gas antes de 2037. Hoy estamos frente al fracaso rotundo de la política energética y el principal activo del país, Ecopetrol, está en rines. Todo por la palabrería.
La lista de la palabrería del gobierno de Petro sigue: la crisis de la salud; las cifras de vivienda son un desangre; el problema fiscal no deja duda, y hay alegría porque se consiga plata pagando tasas exorbitantes a los especuladores; las cifras de entrega de predios no alcanzan 20% de las tierras prometidas y la corrupción campea con indicadores indiscutibles, pero la “culpa” es de los antecesores. Y la lista es interminable.
Los enfermos de la “palabrería” insisten en dárselas de predestinados salvadores del país o en plantear el “milagro Colombia” en el futuro. Solo un consejo: “Dulce presencia que se llama la inocencia, que se cura con la edad”. La razón no se puede tapar con la carreta o con los gritos.
Tendremos a una mujer como presidenta de Colombia en 2026-2030. No tendrá un gobierno fácil por efecto de la herencia de los “palabreros”.
El fenómeno de El Niño y la crisis de la salud serán los retos de entrada. Dios la cuide.
De todas formas, el error de cada uno sería asumir que su particular visión se debe imponer sobre los otros. La equidad que los colombianos reclaman no se logra con experimentos socialistoides, como pretende Cepeda