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Analistas 20/06/2021

La politización de las identidades

Sharon Hernández
Periodista y experta en comunicaciones

La amplificación de las ideas, narrativas y discursos, por el auge tecnológico y de las redes sociales, ha facilitado la asociación y el surgimiento de grupos en donde las identidades de género, raza, religión, entre otros, han dejado de ser parte de la esfera privada de los individuos y han pasado a una esfera pública donde todo es político.

Estas identidades han ayudado a los individuos a afirmar su sentido de sí mismos y su pertenencia social. Además, les han permitido ganar influencia como actores políticos. No obstante, vale la pena llamar la atención sobre el riesgo de radicalización que conlleva la politización de las identidades.

En un contexto de polarización como el que vive Colombia en la actualidad, resulta fácil caer en una apropiación de las identidades por parte de ideologías políticas, en donde, por un lado, movimientos sociales adhieren a un espectro político, y, por otro, partidos políticos apropian las identidades de distintos grupos. Consecuencia de esto, resulta fácil “encasillar” a un colectivo al lado de una ideología e imposible pensarlo desde otra.

Esta dinámica es aprovechada por actores políticos que intentan cooptar las narrativas e intereses de quienes no se sienten representados, al tiempo que contribuyen a la polarización y radicalización de los discursos. Es fácil ver este comportamiento en quienes pretenden asumir las banderas de los jóvenes, indígenas, mujeres, ambientalistas, o cualquier grupo que comparta una identidad; y que se refuerza con el fenómeno cada vez más frecuente de la corrección política, pan de cada día en espacios como Twitter, anulando incluso la libertad de expresión y el diálogo político.

El problema está en que la miopía moral de pensar, sentir o actuar como si fuéramos superiores y como si nuestro objetivo fuera un bien común absoluto, nos puede costar muy caro. Lo explica Fukuyama en su libro Identidades en el que advierte que el cambio en la agenda de los extremos ideológicos, de izquierda y derecha, hacia una mayor protección de identidades grupales cada vez más específicas, en última instancia amenaza la posibilidad de la comunicación y la acción colectiva.

Es así como la cooptación de las identidades por parte de grupos políticos puede conducir a una política del resentimiento, una radicalización del discurso, y dar cabida a proyectos totalitarios, que privilegian la figura del colectivo por encima de las libertades individuales, y anulan el disentimiento político ya escaso por estos días.

No debemos olvidar que la conquista de sociedades que reconocen la dignidad de todo ser humano, independiente del grupo al que pertenezca, es un logro de la democracia. Que el momento que vive Colombia nos recuerde que democracia es pluralismo y que cualquiera que busque anular el “otro” o el “ellos” supone un riesgo demasiado grande que no podemos correr.