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Política y economía

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La confianza en el gobernante y en la estabilidad económica, aumenta la inversión y el consumo

Si bien el repunte económico mundial en 2017 se explica en la leve recuperación de la inversión en Estados Unidos y en el aumento de las exportaciones en China; las economías de los países emergentes, también contribuyen al mejoramiento. En este contexto la mayor recuperación ha de darse en Latinoamérica, que viene desarrollando su economía por debajo del crecimiento del PIB global.

Según el FMI, el PIB mundial de 3,3% que cerró en 2017, crecerá este año a 3,9%; los países desarrollados pasarán de 2,2% a 2,3%, los emergentes (incluye la India) de 4,2% a 4,9% y, el promedio de los países latinoamericanos que en 2017 creció de manera mediocre en cifra de 1,2%, proyecta crecer su PIB a 2,5%.

Ahora bien, el PIB de Colombia para 2018 estará en un rango proyectado entre 2,5% y 3%. Rango demasiado grande, que depende del resultado de múltiples factores macroeconómicos, fiscales, de confianza y de decisiones electorales. Nuestro país tiene, entonces, la obligación de mantener el “grado de inversión”, mejorar su calificación de confianza internacional y, por sobre todo, atinar en las elecciones democráticas.

Después de la pérdida de importancia de nuestros partidos tradicionales como organizaciones políticas, sobre todo por la falta de sintonía con el país de estos partidos históricos, hoy se presenta un fenómeno interesante de reagrupación política, cuyos líderes llaman a la ciudadanía a entender lo que representaría un gobierno de centro – derecha, de centro amplio, de centro izquierda o de izquierda populista.

Esa gran diferencia, hace muy atractivo al actual escenario político colombiano, con una primera etapa ya jugada que corresponde a dichas coaliciones y que los candidatos presidenciales con más opción de llegar a segunda vuelta están inscritos por el mecanismo de firmas o de consulta interpartidistas. Una segunda etapa se surte con el resultado de las próximas elecciones, de consultas y parlamentarias. Aporta al debate que los ciudadanos podamos participar, solo a ruego y solo en una de las dos consultas interpartidistas o de coaliciones de escogencia de candidato presidencial.

A su turno, en buena medida, está en juego la estabilidad institucional y el futuro económico de Colombia en estas elecciones. Para la necesaria gobernabilidad, el próximo Presidente debe tener una base parlamentaria grande e incluyente. Un gobierno populista sería un desastre. Un gobierno liderado por alguien sin experiencia y sin resultados en el servicio público como ejecutor, sería también una equivocación. La confianza inversionista y la seguridad jurídica para el sector empresarial formal, deben ser los elementos primordiales para la elección presidencial.

La interdependencia de la política y la economía es evidente. Es probable que en el largo plazo la economía llegue a dominar la política, pero en el corto y mediano plazo la política domina el comportamiento económico. La confianza en el gobernante y en la estabilidad económica, aumenta la intención de inversión y el consumo, que con el crecimiento del empleo, son dinamizadores del mejoramiento de la calidad de vida.

En suma, la gobernabilidad, elemento vital en los resultados de la Rama Ejecutiva y del comportamiento económico, estará en juego con los resultados electorales de los próximos meses en Colombia, así como ha venido sucediendo en gran parte de los países de la región.

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