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Analistas 27/11/2020

Pensando con el deseo

Sergio Mutis Caballero
Presidente Grupo Valor
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La pandemia y el confinamiento nos obligaron a establecer prioridades en lo económico, en lo social y hasta en la actitud frente a la vida. Vienen generando grandes cambios en las organizaciones sociales, en los negocios, en los hábitos y en general pusieron a prueba a las personas y su entorno. Lo que, a su turno, se torna en oportunidad de atacar males endémicos que nos impiden avanzar como sociedad.

Despertó sentimientos como la lealtad y solidaridad, entendidas como un especial y positivo afecto hacia valores éticos y morales, y en grado sumo, deseo de apoyo a los demás. La pandemia nos llevó a tomar distancia física con seres queridos, por respeto a su salud. Nos hizo valorar lo que tenemos y lo que realmente necesitamos. Nos llevó a apreciar aún más temas esenciales como la salud, fuentes de trabajo, medio ambiente y bienes como la vivienda digna.

El principal hábito que nos cambió la pandemia fue el de la higiene, pero de igual manera tocó temas como la actividad física y la forma de interrelación afectiva y social. Nos está obligando a desaprender para aprender. Tenemos gran oportunidad para mejorar hábitos como el de la productividad y, dentro de esta, el logro de metas, esenciales para la prosperidad empresarial y colectiva.

Colombia puede entrar con fuerza en la senda de la mejora de la calidad de vida de los ciudadanos, en la medida en que se realice inversión social, sin corrupción; que las administraciones y autoridades de control entiendan como aliados a las empresas formales, las alienten a generar más empleo y riqueza colectiva.

Contrario a lo que ocurre en algunos casos, en donde ciertas áreas de entidades como la Dian, la Ugpp y otras, creen cumplir sus objetivos extralimitándose en lo de su competencia contra la actividad formal.

Como bien lo hemos sustentado desde esta columna de opinión, la desigualdad en el trato por parte de autoridades que concentran su esfuerzo, en ocasiones con equivocadas motivaciones, contra la actividad formal, alimenta el desempleo y propicia la informalidad, los que por el contrario son fuente de erogaciones fiscales.

Con relación a los males endémicos, es menester identificarlos para combatirlos o corregir el problema. Máxime que, según las afirmaciones iniciales, deberían aminorarse con la pandemia, pero permanecen y hasta crecen de forma preocupante.

La corrupción, la especulación, la contaminación moral, la inseguridad, son males a combatir. El narcotráfico y el predominio de la violencia nos siguen caracterizando y golpeando.

El populismo político es el gran riesgo latente de las sociedades actuales y Colombia no está ajena a esta grave forma de acceder y permanecer en el poder. Al incrustarse en el gobierno y en las administraciones, puede generar caos colectivo con engaño a los administrados.

Así como requerimos vacuna contra el covid, debemos utilizar como vacuna para este peligro el ejemplo del desastre de Venezuela, nuestro más importante vecino y aliado histórico.

A contrario sensu, el ímpetu de los gobiernos debería enfocarse en atender la falta de educación de calidad y la falta de planeamiento, que nos atrasan como sociedad. Por ello, merecen la mayor atención institucional.

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