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No más alcaldes sin representatividad

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Al analizar los resultados de las administraciones locales de las grandes ciudades del país, se refleja que cuando el gobernante ha sido elegido por mayoría absoluta, generalmente ha resultado buen burgomaestre y con alto nivel de gobernabilidad; pero cuando ha sido elegido con baja votación, fruto de poca aceptación por parte de los ciudadanos, ha resultado un alcalde de mala gestión. Entre más alto el porcentaje de votación para el alcalde ganador, más alto su desempeño.

Lo anterior es un elemento de éxito, que aunado a múltiples condiciones del alcalde, tales como: gran capacidad gerencial, liderazgo y visión de largo plazo, extraordinario y honesto equipo de trabajo, amplio conocimiento y conexión con su ciudad, trabajo articulado con el gobierno nacional y regional, capacidad de convocatoria y de trabajo con la banca y con los empresarios de la región, entre otras calidades, apuntalan magníficos resultados. 

Pues bien, la democracia permite que los ciudadanos elijan sus gobernantes por mayoría de votos. Revisando las elecciones de alcaldes de las principales ciudades, algunos gobernantes fueron elegidos por mayorías precarias en la última década.

Veamos lo sucedido en Bogotá: En 1994, fue elegido Mockus por 65% de los votantes sobre Peñalosa con 30%. En 1997 ganó Peñalosa con 49% de los votos seguido por Moreno De Caro con 31%. Para 2000 repitió Mockus con 44%, seguido por María Emma Mejía con 34%. Período en el que la ciudad recibió una positiva transformación. 

En la última década, hubo un periodo de transición iniciado en 2003 y liderado por Garzón, con 46% de los votantes, quien superó a Juan Lozano que obtuvo 39%. De ahí en adelante y también con influencia de la izquierda, los alcaldes han sido elegidos con votaciones precarias, especialmente la última administración. En 2007, Samuel Moreno con 43% le ganó a Peñalosa con 28% y para el periodo actual, Gustavo Petro ganó con 32%.

La historia, con algunas excepciones, se repite en ciudades de más de 500.000 habitantes. Para las últimas elecciones, Aníbal Gaviria fue elegido con 38% en Medellín; en Cali, Rodrigo Guerrero obtuvo 42%; a su turno, Barranquilla y Bucaramanga fueron unas de las pocas ciudades que eligieron mandatarios con votaciones representativas: 58% para Elsa Noguera y 53% para Luis Bohórquez respectivamente. 

Para evitar que el desastre reciente de Bogotá se repita, debe tramitarse una reforma constitucional creando la segunda vuelta con los dos primeros candidatos a alcalde cuando en la primera vuelta el candidato no supere 40% de los resultados electorales, siempre y cuando voten más de 50% de los ciudadanos con capacidad; o con el 50% para bajas votaciones, es decir, cuando los abstencionistas sean superiores en número a los sufragantes representados. Además, así se debe disminuir la abstención electoral. 

Para terminar y a propósito del descredito de la justicia, se hace necesario que se efectúe una reforma constitucional en el sentido de cambiar la forma de nombramiento de magistrados de órganos jurisdiccionales de cierre, e incluso de Fiscal General. La administración de justicia es un hecho fundamental para que funcione una sociedad e institucionalmente un país. Necesitamos jueces probos, funcionarios responsables y honestos, y abogados bien formados y estudiosos; evitando problemas graves de tráfico de favores y de corrupción. 

Colombia requiere fortalecer la democracia y transformar la administración de la justicia.
 

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