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Los TLC y el camino colombiano

Los Tratados de Libre Comercio tienen por objeto ampliar el mercado de bienes y servicios entre los países que los suscriben, fundamentalmente por la eliminación o rebaja sustancial de aranceles y cargas, la eliminación de barreras no arancelarias y la cooperación entre ellos. Para los países en desarrollo, especialmente, promueven la creación de nuevas empresas, la inversión extranjera, la modernización del aparato productivo y el abaratamiento de los productos que su industria no incluye.

Nuestro TLC con Estados Unidos se constituye en medio eficaz para facilitar el acceso de productos colombianos a un mercado 33 veces más grande que el local, con una población que supera la nuestra en casi siete veces y cuyo ingreso per cápita se multiplica por cinco.

Con la implementación del tratado con Estados Unidos, se espera que el mayor crecimiento se genere en la exportación de vestidos y confecciones, textiles, bebidas, productos de cuero, vehículos, azúcar, frutas, verduras y hortalizas. En contraste, las importaciones que probablemente  aumentarán más son las relacionadas con  productos cárnicos, fibras textiles, cereales y lácteos.

Para construir el camino colombiano, analicemos la experiencia chilena. Después de 12 años de crecer a tasas superiores de 7% anual, el crecimiento de la economía chilena cayó a 2,7% en el periodo 1998 – 2003. Entonces para volver a la "época de oro", el gobierno suscribió acuerdos de libre comercio con Estados Unidos, Corea, la Unión Europea y Japón. El resultado: entre 2004 y 2008 Chile apenas logró un crecimiento de 4,7%, siendo menor a lo proyectado. ¿Qué pasó ? ¿Por qué no funcionó ?

La sola exportación de materias primas y el crecimiento en bienes primarios que se soportan en la abundancia de recursos naturales, no es sostenible en el tiempo. Así lo comprobó la economía chilena. Los Tratados de Libre Comercio deben ir acompañados de políticas de apoyo a la transformación productiva del país, que amplíen la base exportable e impulsen la exportación de bienes y servicios de mayor valor agregado, con la industrialización del país.

En nuestra patria, los recursos de las regalías son necesarios para mejorar la infraestructura de transporte, de logística y de telecomunicaciones, que  redundan en la competitividad del país. Pero también se requiere impulsar nuevas industrias basadas en conocimiento y capital humano de calidad, como la producción de cine y televisión con todas sus actividades empresariales conexas, el diseño gráfico y publicitario, el desarrollo de software, el diseño arquitectónico y la industria del outsourcing, y fortalecer la industria actual, incluyendo la agroindustria.

Cabe destacar que la industria colombiana sigue creciendo y que la minería y el petróleo crecen con más fuerza. El beneficio estratégico de ésta última debe focalizarse para fortalecer la primera. La inversión más importante en este propósito es la infraestructura, especialmente la de transporte. Este es el camino colombiano.

En 2014, Colombia tendrá vigentes 13 acuerdos comerciales con más de 50 países, 1.400 millones de consumidores aproximadamente, pero si no aprendemos de la experiencia chilena, el crecimiento económico, la generación de empleo, la inversión extranjera, el desarrollo de sectores no tradicionales, la disminución de la pobreza y la prosperidad, no llegarán en la magnitud requerida.