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La vivienda para nuevos hogares

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El mercado de la vivienda en Colombia, analizado de manera general y en conjunto para todos los estratos socioeconómicos, es demandado por cuanto que, en la presente década, se forman cerca de 280.000 hogares por año. El año que más viviendas formales hemos construido en el país alcanzó 135.000 unidades.

Este año, con un ajuste radical a la política pública de vivienda, se construirán más de 200.000 viviendas en todo el territorio patrio, sumadas las 100.000 viviendas sociales gratuitas, asignadas a hogares que jamás hubieran podido acceder a vivienda propia por sus limitaciones de ingresos.

A su turno, de las viviendas nuevas, en promedio, cerca del 30% son adquiridas por inversionistas, generalmente para arrendar; cifra que coincide con la conformación de la tenencia de la vivienda en Colombia, toda vez que algo más de 16 millones de colombianos viven en arriendo. 

El segmento de tenencia de mayor participación es el de hogares que habitan en casa propia, con una incidencia de cerca del 50% del total de las familias colombianas. 

La buena decisión gubernamental de propender por el incremento de los hogares con vivienda propia, ha estado afectada por múltiples razones, entre ellas, problemas estructurales como la falta de planificación urbana, la escasez de suelo habilitado con infraestructura, y que persiste escasa profundidad del crédito hipotecario.

Si bien el Gobierno y la banca han trabajado para superar la última talanquera, con factores positivos como el subsidio a la tasa de interés, sigue habiendo necesidad de generar mayor facilidad de crédito a los hogares de menores recursos y a las familias cuyos ingresos provienen de la economía informal.

No obstante el aumento sostenido del ingreso de la población en la última década, lo que se ha traducido en demanda efectiva de vivienda, incluida la que conforman los nuevos hogares, el problema del crédito formal sigue siendo un nubarrón en el propósito de la producción y adquisición de vivienda. 

La incidencia de la tasa de interés para el crédito hipotecario de largo plazo que financia la vivienda, es de trascendencia mayúscula, ya que  por cada  punto porcentual que baje dicha tasa, posibilita adquirir una vivienda de precio del orden de 4% superior, con la misma cuota inicial y la misma cuota mensual de amortización.   

De otra parte, las grandes ciudades son el sitio más apetecido para la vivienda de los nuevos hogares. Es así que para el año 2019, cuando el país cumple 200 años de independencia, el 80% de la población vivirá en aglomeraciones urbanas. Migración del campo hacia las ciudades y de pequeños poblados a grandes urbes, donde se concentran las fuentes de trabajo.

Pues bien, para los estratos sociales bajos, un porcentaje de las nuevas parejas, les toca vivir con sus parientes o compartir vivienda, y otros, luchan por tener casa propia, ya sea de construcción informal, autoconstrucción o vivienda usada; y en menor proporción, pueden acceder a viviendas nuevas acogiendo los subsidios disponibles.

En tanto que en los estratos medios y altos, los recién casados tienen la posibilidad de adquirir vivienda con características y ubicación de su conveniencia. Para el estilo de vida de las nuevas parejas de estratos altos, la aspiración es iniciar una nueva vida en propiedad raíz acorde con su privilegiada condición. 

El costo de la vivienda para los nuevos hogares es fundamental en la economía de la nueva pareja.

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