Analistas

La ilusión de la reconciliación

El apretón de manos entre el Presidente Santos y el expresidente Uribe, además de la cumbre política de esta semana llevada a cabo en la Casa de Nariño con los líderes que convocaron al pueblo colombiano a no refrendar el Acuerdo de Paz de La Habana y la inicial expresión  de los jefes de las Farc de mantenerse en el cese de hostilidades, convierten el sorprendente resultado democrático del cerrado triunfo por el NO a ese Acuerdo, en una oportunidad que trasciende más allá de la anhelada Paz, a todos los ámbitos de las decisiones nacionales.

La democracia es también saber interpretar el parecer de todos los gobernados, buscando el bienestar colectivo de los ciudadanos. Ese difícil equilibrio, también es aplicable a las políticas económicas y al manejo de la hacienda pública, aunado a la creación de instrumentos que promuevan la equidad social, con decisiones de largo plazo y de estabilidad institucional. Ejemplo de éxito de política pública es lo que ha venido ocurriendo con la vivienda y la infraestructura; lo mismo que la estabilidad macroeconómica del país de los últimos años, hoy afectada en materia fiscal.

Pues bien, la ilusión de la reconciliación política es necesaria también en materia fiscal. Es evidente que el funcionamiento del gobierno y el gasto público, con énfasis en la inversión social, requieren de más recursos, lo que demanda una reforma tributaria, máxime el déficit fiscal existente. El ahorro de dineros públicos ayuda a disminuir la brecha fiscal, lo mismo que el control a la evasión. A su turno, también es cierto que la actividad empresarial formal y de inversión, no soporta más presión fiscal y menos aún el cambio de las reglas tributarias de manera permanente. Los gobiernos nacional y local, deben reconciliarse con el quehacer empresarial, concordante con su compromiso colectivo, lo mismo que con los organismos multilaterales.

La baja de precios del petróleo y el menor crecimiento de la economía, han empeorado la situación fiscal tanto nacional como local. La confianza externa y, en general, la confianza inversionista tiene foco en la estabilidad institucional y en el manejo fiscal. Las cifras demuestran vulnerabilidad. Para este año, el déficit fiscal puede cerrar en $30,5 billones, equivalente a 3,6% del PIB, por ello, la Comisión de Expertos concluyó que el país necesita reforma tributaria.

La reconciliación fiscal aquí propuesta, consiste en promover una reforma tributaria que tenga en cuenta la posibilidad de desarrollo de todos los sectores empresariales, atendiendo la nueva realidad del país, sin excederse en impuestos y sin ahogar a ningún sector. De no ser así, se podría dar el efecto contrario; por ejemplo, el subir en demasía el impuesto a licores incentiva el contrabando; quitar el pago razonable de ganancia ocasional, ayuda a que se tengan fortunas subvaloradas; la escalada alcista de impuesto predial, contrarresta el apetito de inversión en finca raíz.

Finalmente quiero destacar que el peor impuesto a la actividad empresarial es la corrupción y el exceso de trámites para poder actuar dentro de la formalidad. Los colombianos debemos hacer un pacto de caminar hacia cero tolerancia a la corrupción. Los gobiernos están obligados a lograr un gasto público más eficiente y sin corrupción. Colombia debe arreglar su desequilibrio fiscal, sin un exceso de impuestos que detenga aún más el crecimiento económico. En el contexto de la reconciliación, llegó el momento de la reforma tributaria integral.