Analistas

Instrumento económico y de equidad social

Germán Vargas Lleras como candidato presidencial expresó de manera sustentada que en vivienda y empleo "mejor es posible".
Tuve el honor de coordinar el equipo que contribuyó a preparar su programa que utiliza la vivienda como política de estado, para multiplicar por cuatro la construcción de vivienda social. Además, de manera excepcional, a los hogares que no pueden acceder a una vivienda, se les entregará sin costo una solución habitacional. Todo ésto generará una necesaria e importante transformación del país.

Dicho programa, en buena hora acogido por el Presidente Santos, estableció  la propuesta de construir 100 mil viviendas gratuitas, en los  años inmediatos, para los familias más pobres del país. Vargas Lleras, después de una destacada gestión como Ministro estrella del actual gobierno, decide combinar su condición de brillante servidor público, estadista y gran ejecutor, y acepta el reto de liderar la transformación planteada por medio de este instrumento.

El proyecto de ley de iniciativa gubernamental, presentado la semana pasada al Congreso por el entrante Ministro de Vivienda, dicta normas tendientes a facilitar y promover el desarrollo urbano y el acceso a vivienda a los hogares más necesitados, las familias de menores recursos.

Mediante el mecanismo fiduciario y con recursos, tanto del presupuesto nacional como de eventuales aportes de los entes territoriales, se establecen facilidades, beneficios y normas para construir dichas Viviendas Sociales de Interés  Prioritario, con aportes complementarios para infraestructura social, como escuelas, puestos de salud y parques.

Ahora bien, este programa de viviendas gratuitas, como instrumento social, no debería aplicarse en las grandes ciudades, sino en los pequeños poblados del país de donde salen los desplazados, en las ciudades más pobres y para hogares con nivel 1 de Sisbén. Si se aplica en Bogotá, Medellín y Cali, incentivaría más desplazamientos. La vivienda genera arraigo y seguridad.

Es posible por ejemplo, complementar el programa de titulación de tierras a campesinos entregando viviendas en poblados cercanos, para garantizar la permanencia. De otra parte, se deben construir barrios completos en poblaciones del Magdalena Medio, en ciudades afectadas como Gramalote o en poblaciones donde más necesidades básicas insatisfechas existen. El suelo en estos lugares es además más económico. La transparencia para la escogencia de los beneficiarios hará  perdurar el instrumento.

Estas viviendas deben ser usadas por el beneficiario, con la imposibilidad de ser vendidas a terceros y la eventual cesión a los herederos directos solo si cumplen los requisitos de necesidad para una familia. Hay que establecer las seguridades jurídicas y sociales para el éxito del programa.

Las Cajas de Compensación Familiar, por su experiencia, son instituciones estratégicas que pueden acompañar este proceso, pero probablemente no para sus afiliados, ya que precisamente por su condición laboral tienen o pueden tener acceso a pagar su vivienda.

Como el proyecto de ley establece instrumentos y condiciones para producir y entregar soluciones habitacionales a los hogares que hoy no tienen posibilidad de acceder a una vivienda, lo que corresponde a una significativa parte de familias colombianas, la ejecución de las 100 mil viviendas iniciales marcará la pauta para que efectivamente se logre la transformación planeada.

Regalar casas es fácil; lo difícil es: dónde?, con quién?, a quién?, para que tenga el más alto impacto, el justo beneficio y la mayor trascendencia económica y  social.