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Analistas 02/10/2026

¿Cómo afrontar la crisis fiscal?

Sergio Mutis Caballero
Presidente Grupo Valor
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Colombia enfrenta una difícil situación fiscal que exige decisiones. El gobierno está bien orientado: debe reducir el gasto público, pero también reconocer que una parte importante del presupuesto es inflexible. Por ello, algunos resultados pueden lograrse rápidamente, mientras otros requieren reformas estructurales y tomarán tiempo.

Diversos expertos han planteado alternativas para racionalizar el gasto, que comparto. Juan Camilo Restrepo propone revisar los gastos de funcionamiento y los contratos de prestación de servicios. Henry Amorocho identifica posibilidades de reducción en contratación, adquisición de bienes y servicios y gastos asociados a la nómina.

Ana Fernanda Maiguashca llama la atención sobre las presiones de las transferencias a la seguridad social, el Sistema General de Participaciones y el fondo de combustibles. Marcela Meléndez advierte que el margen para reducir el gasto discrecional es limitado sin cambios legales y reclama una senda creíble de ajuste.

También hay espacio para mejorar la focalización. Luis Fernando Mejía señala que cerca de 80% de los subsidios a los servicios públicos llega a hogares que no son pobres ni vulnerables; propone, además, desmontar gradualmente el subsidio al diésel y contener el crecimiento de la nómina pública. Luz Karime Abadía plantea reducir burocracia, eliminar gastos de bajo impacto y mejorar las compras públicas.

Marcela Eslava advierte que se requiere una intervención más profunda sobre los gastos inflexibles y reformas en combustibles, salud y pensiones; a ello deben sumarse una mejor gestión tributaria, el combate a la evasión y al contrabando y mayor eficiencia en el uso de los recursos públicos.

El ministro de Hacienda, Miguel Gómez, la tiene clara. Paralelamente al ajuste, ha defendido de manera adecuada el aumento del presupuesto, en buena medida determinado por obligaciones que el Estado debe atender.

De estas propuestas surge una agenda: austeridad en funcionamiento, revisión de contratos, reducción de burocracia, mejor focalización de subsidios, eficiencia en compras, lucha contra la evasión y reformas estructurales a los grandes componentes inflexibles del gasto.

Pero reducir el gasto no puede ser la única respuesta. Colombia también necesita crecer. Como he planteado, el país debe impulsar sectores estratégicos capaces de aumentar la producción, el empleo, la inversión y, consecuentemente, los ingresos tributarios. La vivienda es uno de ellos. También lo es la infraestructura, no solamente de transporte, sino social: educación, salud, agua, saneamiento, equipamientos urbanos y desarrollo regional. La inversión productiva genera actividad económica, empleo y nuevas bases tributarias.

Por eso, austeridad no puede significar paralizar la inversión. El desafío es reducir el gasto ineficiente y priorizar aquella inversión capaz de elevar la productividad y ampliar la economía. La crisis fiscal requiere una estrategia de dos tiempos: ajuste inmediato donde exista margen y reformas estructurales para corregir el gasto rígido; simultáneamente, una política sostenida de crecimiento que permita aumentar los ingresos públicos.

Los resultados de fondo no serán inmediatos. Pero las decisiones sí pueden comenzar hoy. Recortar es necesario; crecer es indispensable.

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