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Así están cambiando las prioridades de los directores de sostenibilidad en 2026
Un informe del Foro Económico Mundial señala que 65% de los directores de sostenibilidad encuestados percibe que la alta dirección aún considera la sostenibilidad una obligación de cumplimiento
La sostenibilidad no está saliendo de la agenda empresarial, pero sí está cambiando de lugar. En medio de las tensiones geopolíticas, la incertidumbre regulatoria y la presión de las compañías por mostrar resultados en el corto plazo, los directores de sostenibilidad esperan que la inversión y el avance en esta materia se mantengan durante los próximos años.
El informe Chief Sustainability Officers’ Outlook 2026, elaborado por el Foro Económico Mundial, muestra esa tensión. Aunque 78% de los 103 directores de sostenibilidad consultados considera que las tensiones geopolíticas, los cambios en las políticas y el debilitamiento de la cooperación multilateral afectarán el avance de la sostenibilidad durante el próximo año, 63% espera que el progreso mundial se mantenga estable o se acelere en ese periodo.

La misma tendencia aparece en las decisiones de las empresas. Un 69% de los encuestados espera que las estrategias y las inversiones corporativas en sostenibilidad se mantengan o aumenten durante los próximos 12 meses. El reto, según el informe, ya no estaría solamente en convencer a las compañías de avanzar, sino en demostrar que estas decisiones tienen un impacto sobre el negocio.
De hecho, durante los próximos tres años, 64% de los directores consultados identifica un argumento empresarial más sólido como uno de los principales factores que podrían acelerar el avance de la sostenibilidad, mientras que 56% señala la disponibilidad de tecnologías más económicas y aplicables.
La principal brecha aparece dentro de las propias compañías. Aunque la sostenibilidad ha ganado espacio en las organizaciones, todavía no siempre está integrada a las decisiones que determinan el rumbo de los negocios.
Un 65% de los directores consultados señala que los líderes empresariales todavía perciben la sostenibilidad principalmente como una obligación de cumplimiento. En cambio, solo 41% considera que la alta dirección ya la entiende como una fuente de crecimiento o generación de valor.
El informe plantea que esta integración implica llevar la sostenibilidad a decisiones que van mucho más allá de los objetivos ambientales: dónde construir una planta, qué proveedores contratar, qué tecnologías implementar, cómo diseñar productos o qué riesgos incorporar en las decisiones de inversión.
La dificultad está en que buena parte de las compañías sigue operando con una presión creciente por mostrar resultados inmediatos. Un 78% de los directores de sostenibilidad considera crítico o importante encontrar un equilibrio entre las metas de corto y largo plazo, mientras que 66% espera que las decisiones corporativas se orienten todavía más hacia prioridades de corto plazo durante los próximos 12 meses.
Para los directores de sostenibilidad, además, la incertidumbre regulatoria aparece como el principal obstáculo para el avance durante los próximos tres años: 68% la identifica como una restricción. Le siguen las presiones empresariales de corto plazo, con 61%, y las tensiones internacionales, con 54%.
La inteligencia artificial también empieza a ocupar un lugar particular dentro de esta discusión. El 73% de los encuestados considera que la IA y otras tecnologías digitales serán importantes para avanzar en los objetivos de sostenibilidad durante el próximo año.
Su aplicación estaría principalmente relacionada con la medición y el reporte de impactos, la eficiencia en el uso de recursos, así como la modelación y proyección de riesgos ambientales.
Pero la misma tecnología que puede ayudar a las empresas a ser más eficientes también genera una nueva presión ambiental. El 77% de los directores consultados identifica el consumo de energía y recursos de la infraestructura necesaria para operar sistemas de IA como su principal impacto negativo sobre la sostenibilidad.
A esto se suma un problema de capacidades. El 68% considera que las brechas de habilidades de los trabajadores pueden limitar el uso de estas herramientas para alcanzar objetivos ambientales.
El informe plantea así una discusión que empieza a trasladarse desde la promesa tecnológica hacia la ejecución: las empresas deberán definir dónde utilizar la IA, con qué datos, bajo qué mecanismos de gobernanza y con qué resultados medibles.
La adaptación al cambio climático será otro de los frentes que ganará espacio dentro de las compañías. Un 85% de los directores de sostenibilidad espera que la adaptación tenga una mayor relevancia dentro de las estrategias empresariales durante los próximos tres años, mientras que 77% considera que la inversión privada será decisiva para ampliar estas acciones.
Sin embargo, aquí aparece otro de los problemas que enfrenta la sostenibilidad: muchas de las inversiones necesarias tienen beneficios que no son fáciles de medir en el corto plazo.
Un 62% de los encuestados señala la incertidumbre sobre la relación entre costos y beneficios como la principal barrera para invertir en adaptación. Además, 42% menciona la falta de respaldo de los líderes empresariales.
La dificultad está en que una inversión en adaptación puede generar valor precisamente al evitar pérdidas futuras. Es decir, su resultado puede ser un daño que nunca ocurre, lo que hace más difícil compararla con proyectos que ofrecen ingresos visibles y medibles en el corto plazo.
El Foro Económico Mundial describe este escenario como una transición que avanza a velocidades diferentes entre sectores y mercados. La sostenibilidad, según el informe, estaría pasando de una etapa centrada en fijar objetivos a otra en la que las empresas deben decidir cómo incorporar esos objetivos en el capital, las operaciones, las cadenas de suministro y la gestión de riesgos.
En ese escenario, el desafío para los directores de sostenibilidad será dejar de ser responsables únicamente de la agenda ambiental y participar cada vez más en las decisiones que determinan la competitividad, la resiliencia y el crecimiento de las compañías.
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