Analistas

Provisiones bancarias ordinarias y extraordinarias

En la coyuntura actual de desaceleración, el potencial de pérdidas bancarias (esperadas e inesperadas) ha venido en aumento. Han comenzado a materializarse distintos eventos que estarán requiriendo provisiones adicionales; en unos casos, como resultado del ciclo de desaceleración económica y, en otros, por razones extraordinarias.

La coyuntura es particularmente desafiante para el sector financiero por cuenta de: i) una desaceleración del PIB-real, el cual tan solo llegó a 1,2% anual en el acumulado enero-junio de 2017 (frente a 2,5% observado un año atrás); ii) un posible aumento del desempleo hacia tasas promedio de 9,5% en 2017-2018 (vs. 9,2% en 2016), y iii) un deterioro de la calidad de la cartera a niveles de 4,3%, pero que al añadirle los castigos que motu-propio le hace el sector financiero se llega a 8,5%, no muy diferente del pico que se tuvo en la crisis de Lehman 2008-2009.

El negocio crediticio es en esencia una actividad de riesgo en la que el intermediario presta recursos y cobra un margen de intermediación por gestionar el riesgo de un posible incumplimiento de la contraparte. La teoría señala tres tipos de potenciales pérdidas: i) esperadas, aquellas que hacen parte de la naturaleza operativa del negocio, las cuales suelen ser estimadas usando modelos probabilísticos y, a partir de allí, se asignan las provisiones ordinarias; ii) inesperadas, las cuales pueden llegar a requerir apoyos de capital para enfrentarlas, y iii) pérdidas catastróficas, aquellas que se ubican en el extremo de la función probabilística y que bien podrían conducir a la quiebra bancaria.

Lo primero que cabe señalar es, como resultado del alza en las tasas de interés del Banco de la República (BR), la expansión de la cartera financiera se fue desacelerando de niveles de 10-15% real anual hacia los moderados niveles actuales de solo 2,7% real anual. En este sentido, Anif había expresado su complacencia con un relativo “aterrizaje crediticio suave”. Básicamente porque la prudencia financiera dicta la norma que enfrentando la parte baja del ciclo lo mejor es recoger las velas.

Sin embargo, este repliegue ha ocurrido de forma mucho más clara y ordenada en el caso de la cartera corporativa, la cual se ha estado contrayendo a ritmos de 1% real anual a la fecha. En cambio, el crédito de consumo a los hogares reporta una sorprendente sobre-expansión de 8,4% real anual. La única forma de entender esto es como resultado de una combinación de “complacencia” de los bancos con los deudores (evergreen effect) y/o de una estrategia de mantener la participación de mercado bancario. Independientemente de las ponderaciones que les den los bancos a estos factores a nivel individual, lo que es un hecho es que la calidad de la cartera vencida ha continuado deteriorándose hasta llegar al actual 6%, cifra que bien podría llegar al pico de 8% en 2018.

A nivel macro-financiero, este deterioro de la cartera encierra la doble envolvente de: i) un elevado apalancamiento de los hogares, donde la relación [Cartera Consumo + Cartera Hipotecaria] / (Ingreso Disponible) bordea 40% (pico histórico); y ii) una extensión de los plazos que hoy alcanza los 5 años en consumo (habiéndose adicionando 2 años) y los 17 años en hipotecas (+3 años). Esto obviamente se refleja en un creciente servicio de la deuda de los hogares (capital + intereses), el cual se ubica ya en 12% de su ingreso disponible (elevándose desde 10% en 2008, a pesar de haberse diluido por la extensión de los plazos a capital).

Más aun, poco beneficia a los hogares que hayan optado por concentrar sus créditos a tasa fija (cerca de 90% del total), pues no se han estado beneficiando automáticamente de la reducción de tasas del BR. Cabe entonces reiterar aquí la importancia de profundizar el uso de instrumentos swaps-IBR, el cual les permitiría convertir dichas obligaciones a tasas variables y aprovechar la coyuntura de bajas tasas de interés.

El problema de manejo bancario es que, en adición al deterioro del ciclo para los hogares, ahora los bancos deben enfrentar toda una serie de deterioros extraordinarios en su cartera corporativa provenientes de: i) proyectos de infraestructura afectados por la corrupción de Odebrecht; ii) provisiones extraordinarias relacionadas con la liquidación de Electricaribe, y iii) aquellas que tienen que ver con los distintos sistemas de transporte masivo. Bajo el escenario de deterioro macro-económico antes descrito, se calcula que ese conjunto de provisiones extraordinarias podría ascender a$6 billones; de los cuales $3 billones corresponderían a Ruta del Sol II; $1.8 billones a Electricaribe y el remanente a los trans-mass.

La Superfinanciera ha estimado que cerca de 40% de la aceleración en el deterioro de la cartera corporativa obedece a la liquidación de Electricaribe. El indicador de calidad de la cartera corporativa se ubica en 3,8%, marginalmente por debajo del total de 4,4%. Ahora bien, si se calcula esa calidad de la cartera por el método de calificación (ICR), se tiene que este bordeaba casi 11%, cifra superior al pico histórico de 10% que se había tenido en 2009-2010. Se ha estimado que, al sustraer el grueso de las provisiones extraordinarias, este ICR podría estar más cerca de 9%; pero, en cualquier caso, esos niveles se asemejan a la tensión financiera del 2009-2010.

Así, todo parecer indicar que, a diferencia del ciclo bajista de 2008-2009, en esta ocasión se estarán deteriorando tanto las carteras de los hogares como la de las firmas, donde hemos visto que las provisiones extraordinarias estarán jugando un importante papel en el caso corporativo. Se había mencionado por parte de la Superintendencia que los bancos habían acordado poner en “reserva contingente” cerca de unos $5 billones provenientes de sus utilidades pasadas, pero suponemos que ello se refería al efecto esperado del ciclo bajista. Ahora tocará entrar a evaluar cuál será la porción adicional asignada a dicha “reserva contingente” relacionada con los deterioros extraordinarios en la cartera corporativa.