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Los requerimientos de liquidez de Basilea III

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En enero de 2013, los gobernadores de los bancos centrales del mundo desarrollado optaron por entrar a suavizar y posponer la aplicación de los requerimientos de liquidez de corto plazo establecido por Basilea III, tan solo un año atrás. En efecto, la idea original es que dichas exigencias en materia de liquidez bancaria entrarían en vigencia en los inicios del 2015, pero ellas han sido postergadas hacia el 2019.

¿A qué obedece esa clara señal de laxitud bancaria-monetaria global y cuales serían sus implicaciones globales? Lo primero que cabe señalar es que esos requerimientos de liquidez se refieren al Coeficiente de Cobertura de Liquidez (CCL), calculado como CCL = Fondos de activos líquidos de alta calidad/Salidas de efectivo netas (computadas sobre “ventanas de 30 días”). Dicho indicador debería ser superior al 100% para cumplir criterios de Basilea III. Ahora bien, también se había hablado de crear otra “razón” de liquidez de largo plazo, a través del Coeficiente de Financiación Estable Neta (CFEN), calculado como CFEN = Cantidad de financiación estable disponible/Cantidad de financiación estable requerida, con objetivo de superar el 100% hacia 2018. 

Las medidas de laxitud recientes tienen que ver con permitir que en el CCL, en adición al efectivo y a la deuda soberana (de bajo riesgo), se permitan computar las titularizaciones hipotecarias y los bonos corporativos. Adicionalmente, se ha reducido de 100% a 65% el valor objetivo de principios de 2015. A partir de allí, este se irá incrementando 10% anual, de tal manera que se llegue a la meta de 100% hacia el 2019.

La principal razón para “ablandar” estos valores objetivo y su forma de cálculo radica en las debilidades del sistema bancario del mundo desarrollado, donde se observan “obstrucciones en el canal crediticio”. Por ejemplo, mientras el Banco Central Europeo redujo sus tasas de 4% a 2% en 2009, se observó que las tasas de colocación para créditos comerciales se elevaron de 4% a 6%, aduciéndose mayores riesgos durante esta fase de contracción del producto. Así, pese al mayor margen financiero, los bancos tienen dificultades en su rentabilidad y en la calidad de su capital, registrando indicadores de solvencia bastante frágiles.

En el caso de Colombia, cabe señalar que, desde 2009, se viene monitoreando la liquidez del sistema financiero a través del conocido Indicador de Riesgo de Liquidez (IRL). Éste fue modificado, en 2011, incorporando algunas de las recomendaciones de Basilea III. En el caso de los bancos, el IRL a 30 días se ha ubicado sistemáticamente por encima de 240% y ha venido aumentando desde mediados de 2012, alcanzando un nivel de 408% en marzo de 2013. Esto refleja la buena liquidez con que cuenta el sistema bancario colombiano, a pesar de la marcada volatilidad internacional que han causado los anuncios de moderación en las inyecciones de liquidez por cuenta del Fed.

De hecho, las recientes pruebas de estrés financiero, realizadas en 2012 dentro del marco del Fsap de Colombia, corroboraron esa conclusión. Allí se encontró que la liquidez de corto plazo llegaba a 500%, según el CCL, mientras que la de largo plazo se calificó como “suficiente” (a niveles del 140%, según el CFEN). Sin embargo, dicho Fsap recomendó que el monitoreo de las obligaciones bancarias debería hacerse en ventanas de tiempo más prolongadas, para mejorar esta “versión criolla” del CFEN, así como buscar una mejor adaptación del IRL local al CCL de Basilea III.

En síntesis, estos avances de Colombia en monitoreo de la liquidez del sistema financiero contrastan positivamente con las postergaciones que han decidido hacer los bancos del mundo desarrollado, dadas las obstrucciones que allí enfrentan en sus canales crediticios. Sin lugar a dudas, las autoridades locales y el sistema financiero colombiano hacen bien en aprovechar “este cuarto de hora” de buena liquidez y de buenas utilidades para recapitalizar el sistema, según los nuevos criterios de Basilea III. Ya veremos lo que nos depara el 2014-2015 en materia de turbulencia financiera, cuando se haga una realidad, y no meros anuncios, la “normalización monetaria” global. 

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