Analistas

La crisis de Venezuela: su impacto socioeconómico sobre Colombia

Colombia ha venido reaccionando de forma algo casuística y tardía frente a la crisis venezolana. Esta crisis ya ha adquirido dimensiones de preocupación global por cuenta de la violencia de Estado; también debido a la creciente desnutrición y a la problemática de la salud pública.

Es bien sabido que, cuando la inflación sobrepasa 50% anual, las economías colapsan y aflora la pobreza; pues bien, Venezuela lleva cerca de un quinquenio bajo tal expediente, donde la contracción de su PIB-real ya acumula algo más de 35% real (de forma consecutiva durante 2014-2017) y la pobreza sobrepasa 50% de su población.

Si bien la gente dice conocer la raíz histórica sobre cómo se llegó a tal desatino, es clave recordar el drama de Venezuela, para así evitar que los colombianos nos lleguemos a equivocar (poco a poco). Recordemos que esa desventura se inició a través del golpe de Estado de Chávez en 1992 y sus posteriores alianzas socialistas que lo llevaron a su dictadura durante 1999-2013 (hasta su muerte). Dictadura que ahora se ha hecho más sangrienta y burda bajo “la conducción” de… un conductor de bus, el Sr. Maduro durante 2013-2017.

Fue a través de la Cuba de Fidel que, bajo la forma de médicos y educadores, se fue fraguando ese torpe manejo socioeconómico del socialismo-bolivariano. Después se propagó con la alianza Lula-Cristina Fernández-Correa-Evo-Ortega. Increíblemente, ningún organismo internacional logró detectarlo como un eje de golpe a las democracias a través de “llegar al poder por las urnas, pero solo una vez”… para después instaurar Constituyentes de bolsillo al servicio del socialismo-bolivariano. Más aún, abundan los documentos de varias multilaterales elogiando al Lula del momento como el líder de la nueva clase media de América Latina, la cual se erigió no solo sobre subsidios insostenibles, sino sobre ejes de corrupción estatal de “calidad exportadora” (como Odebrecht).

La coyuntura política ha entrado en una situación crítica en Venezuela, pues los militares están entregados al saqueo directo de la Nación a través de usurpar las franquicias de comercialización de los bienes más básicos. Así, es muy probable que el desenlace sea una “guerra civil” ante la aparición de “ruidos de sables” entre los estamentos militares, donde las 120 muertes recientes no dejan entender aún bien la magnitud de lo que podría ocurrir. Estados Unidos y Europa aún no se han apersonado del problema y deberían hacerlo ante el Consejo de Seguridad de la ONU, antes de que se repita la Siria de América Latina en cabeza de Venezuela y con graves repercusiones, especialmente sobre Colombia. No basta con desconocer la nueva Asamblea Dictatorial de Maduro, sino que es inminente tender puentes para restablecer la democracia y, más vale “chamo”, que la oposición de Venezuela se muestre unida en un solo bloque.

El cuadro adjunto intenta resumir (con información muy fragmentada) el impacto socioeconómico de la crisis de Venezuela sobre Colombia. El primer bloque destaca cómo el comercio formal ha colapsado de US$2.500 millones/año de exportaciones de Colombia hacia Venezuela en 2012-2013 hacia solo US$360 millones/año en lo corrido del último año a junio de 2017. Dado que Colombia era “la despensa” de Venezuela, este colapso comercial significa hambre masiva en nuestro vecino.

Esta situación de hambre en Venezuela ha inducido una “diáspora” que se ha venido agravando durante la última década. Si bien durante los años 1970-1990 el flujo era de emigración de colombianos hacia Venezuela, estimados en su momento entre 1-2 millones; durante 2005-2017 el flujo se ha reversado, pero no se tienen datos acumulados de los venezolanos que hoy, de facto, habitan en Colombia o están en tránsito.

Pero, si nos guiamos por los que han obtenido un registro, dicha cifra llega a cerca de 705.300 venezolanos. Esta población está presionando seriamente el mercado laboral de Colombia, incrementando la Tasa Global de Participación laboral en la frontera y con impacto sobre la nacional. Sin ir muy lejos, la tasa de desempleo de Cúcuta es la más alta del país y ha venido escalando de 15% hacia 17% en 2014-2017. El área de influencia de los inmigrantes venezolanos ya no se limita a Cúcuta, Bucaramanga y la Costa Atlántica de Colombia, sino que ya se siente en el interior del país. El otro drama humano tiene que ver con la solicitud de atención médica en Colombia, ante la carencia de medicamentos, aunque en Venezuela abundaban los médicos cubanos. Pero muchos de ellos han desertado frente al fracaso del socialismo de su isla y, ahora, del que querían exportar hacia Venezuela.

Las reflexiones históricas de varios venezolanos bien educados suelen concluir: “… el pueblo se merece el profundo dolor que le ha infligido el socialismo a Venezuela, pues el pueblo en su ignorancia y torpeza política escogió ese errado camino”. Pero los hechos actuales son tan desgarradores, que ese mismo pueblo tiene derecho a enmendar esos errores y, de hecho, cerca de 70% ha dicho que no quiere experimentar más por ese fallido camino. Entonces, le corresponde a la ONU y a sus líderes extenderle una segunda oportunidad a Venezuela para recuperar su democracia, y los colombianos de bien estamos en la obligación de ser solidarios con ello.