Analistas

Inflación de julio e inercia salarial

El Dane reportó que el mes de julio registró una inflación de 0,52%. Este dato no solo fue bastante superior al previsto por los analistas (0,32%), sino que desbordó y por mucho la cifra observada un año atrás (0,19%). Con ello, la lectura de inflación total continuó incrementándose de 8,61% a 8,97% anual, más que duplicando el límite superior del rango-meta (2%-4%) de largo plazo del Banco de la República (BR). Dicho guarismo ha alcanzado un pico histórico desde que se adoptara el esquema de Inflación Objetivo en 2001.    

Aunque la inflación subyacente (sin alimentos) corrigió marginalmente (bajando de 6,31% a 6,26% anual), las presiones en el rubro de alimentos continuaron escalando hacia ritmos de 15,7% anual (vs. 14,3%).  En cambio, las presiones directas de costos vía importados (pass-through) algo han empezado ceder, gracias a que el ritmo de devaluación se redujo de un promedio de 26% anual durante el primer semestre a cerca de 8%  anual durante julio pasado. 

A nivel internacional, la recuperación económica luce frágil, tanto en la productividad del sector real como en el excesivo apalancamiento público-privado. Por ejemplo, el FMI redujo su pronóstico de crecimiento global a 3,1% en 2016 (estancándose frente a 2015). En particular, las economías desarrolladas muestran persistentes señales de “estancamiento secular” (1,6% en 2016 vs. 1,9% en 2015) y postración en su productividad multifactorial. Asimismo, los países emergentes siguen perdiendo crecimiento potencial y solo crecerían 5,1% en 2016 (vs. 7% pre-Lehman).

En Colombia también son evidentes las señales de desaceleración. Esto impactará considerablemente los llamados déficits gemelos, llegando al -4,2% del PIB a nivel fiscal en 2016 (vs. -3% del PIB en 2015) y al -5,7% del PIB en la cuenta corriente (vs. -3% del PIB histórico).  Adicionalmente, el frente laboral ha empezado a mostrar tensión, pues el desempleo promedió un 9,8% en lo corrido del año a junio (vs. 9.4% un año atrás). Esto implica un incremento en la tasa de desempleo de 0,4 pps, en línea con nuestro pronóstico de un promedio de 9,4% para 2016 (vs. 8,9% en 2015).

Anif mantiene su pronóstico de crecimiento económico en 2,5%, aunque su sostenibilidad dependerá de: i) la trayectoria del precio del petróleo; y ii) del manejo que se logre del elevado apalancamiento público-privado, particularmente de 42% del PIB que se observa en el endeudamiento externo total (superior a los picos de 40% de 2002).

Dado este panorama, Anif considera que la Junta Directiva del BR no tendrá alternativa diferente a continuar incrementando su tasa repo en otros 25pbs (llevándola a 8%), para intentar re-anclar las expectativas de inflación, las cuales seguramente ahora se perfilan hacia un 7% para finales del 2016 y cerca de 4,5% en 2017.   Nótese que resultaría muy aventurado para el BR, con inflaciones de 9% anual, jugarle a la idea de no elevar la tasa repo a 8% en espera de que más adelante la “brecha de producto” lograra dominar unos choques de costos que han resultado “menos temporales” de lo que se ha venido imaginando el BR.  De hecho, si el potencial de crecimiento de nuestra economía resulta que hoy está más cerca de 2% que de 3% anual, por cuenta del descenso y la baja calidad de la inversión, entonces el papel que cabe esperar de la “brecha del producto” (tornándose negativa) será mucho más lento de lo imaginado.  

Entretanto, a lo Brasil, en Colombia se ha venido generando inercia inflacionaria salarial elevada por segundo año consecutivo (con un SML a ritmos de 7% y sueldos públicos cerca de 8%).  Esta situación indica que el BR haría más por recuperar el dinamismo del sector real si se focaliza en re-anclar las expectativas de inflación hacia 3% de largo plazo, en vez de jugarse el albur de no atajar a tiempo la peligrosa “inercia salarial”, la cual resultaría mucho más gravosa en materia de elevar el “desempleo” a niveles superiores al 10% en 2017-2018.