Analistas

Cuasi-bancos y expansión crediticia

La obra de Michel Lewis (’The Big Short’) fue llevada magistralmente a la pantalla grande en 2015 y allí se ilustra el papel de los instrumentos financieros que, apostando en contra de determinado mercado, logran enriquecer a sus “jugadores”. Este constituye un exitoso esfuerzo de “educación financiera”, lo cual debería mantenernos en alerta constante frente a promesas de enriquecimiento fácil a través de simples arbitrajes financieros. 

La lección es clara: finalmente, los mercados excesivamente apalancados terminan descubriendo el tipo de “pirámide financiera” sobre los cuales están edificados y donde solo aquellos con “información privilegiada” tendrán tiempo de salir a liquidar sus posiciones. En la obra de Lewis, los ganadores fueron quienes idearon los esquemas de aseguramiento hipotecario a sabiendas de que compradores sin cuota inicial finalmente “morderían el polvo” de la quiebra, cuando las tasas de interés se reajustaran (automáticamente) al alza después de 3 o 4 años de haberse mantenido en niveles anormales de “cuotas súper-minimas”.

Los mercados subprime de deudores hipotecarios fueron tan descarados que, frente a los primeros síntomas de estrés financiero, lograron reempaquetar dichas hipotecas bajo rótulos de deuda triple-A, cuando el valor del subyacente ya estaba en cuasi-cesación de pagos. Esto equivale a realizar apuestas financieras que ni siquiera están ancladas en las cartas de la baraja a los ojos de los jugadores, sino donde se realizan apuestas sobre lo que uno supone estarán jugando tales o cuales jugadores.

Pues bien, parece que las lecciones aún no han sido aprendidas y que actualmente se están generando apuestas financieras similares a través de cuasi-bancos no regulados en los Estados Unidos (¿suena familiar?). Recordemos que las apuestas de la crisis hipotecaria subprime (2005-2007) se fundamentaron en prestarles a la poblacional tipo NI-NIs: ni ingreso ni trabajo (… No-Income-No-Jobs… conocidos como los NINYAs, quienes después serían lentos en pagar… como una tortuga). 

Ahora el mercado financiero de los cuasi-bancos se está focalizando en prestarles a los denominados HENRYs: High-Earned-No-Rich-Yet (los de altos ingresos, que aún no son ricos). El esquema está diseñado para prestarles a los estudiantes de las mejores universidades de los Estados Unidos, financiándoles no solo sus estudios, sino su alto estándar de vida. Esto bajo la premisa de que dicho capital humano siempre será exitoso en el mercado laboral y podrá honrar sus abultadas deudas, pues ellos serán los futuros ricos… aunque todavía no lo sean.

El problema es que la sostenibilidad del esquema, por el lado de los flujos ofrecidos por los cuasi-bancos, depende de su esquema piramidal, pues solo así dichos bancos podrían asegurar su actual fondeo a tasas bajas. Ese esquema ya acumula deudas por US$6.000 millones y los depósitos en garantía tan solo representan cerca de 10% frente a 30% exigido tradicionalmente por los bancos que sí están vigilados por las autoridades financieras. 

El otro problema (inminente) es que este esquema de los HENRYs no podrá seguir creciendo rápidamente, pues los reguladores ya han empezado a cuestionarse las prácticas poco ortodoxas de los bancos tradicionales fondeando a cuasi-bancos con deudores altamente riesgosos. Recordemos que los HENRYs solo difieren de los NINYAs en que los primeros son cortejados por los cuasi-bancos, en función de su alto capital humano futurista. 

Claramente las dificultades globales en materia de liquidez y crecimiento del período 2015-2017 poco estarán ayudando a consolidar este esquema de los HENRYs. Si bien la tasa de desempleo ha llegado ya a sus niveles de largo plazo de 5%; mucho dependerá de si Estados Unidos logra que el crecimiento de su economía rebote del actual 1,5%-2% hacia crecimientos de 2%-2,5% anual, lo cual generaría una cascada de alzas salariales que beneficiarían de forma particular a ese mundo de los HENRYs.