lunes, 3 de febrero de 2020

Más columnas de este autor Sergio Clavijo - sclavijo@uniandes.edu.co

La opinión pública se ha venido preguntando insistentemente sobre la solución para generar mayor absorción de mano de obra y así contener el elevado desempleo, el cual promedió 10,5% a lo largo de 2019. Pero hasta el momento las respuestas que hemos escuchado son tipo Perogrullo: que la solución estaría en acelerar nuevamente el crecimiento del PIB-real hacia el 4,5% anual que se tuvo durante la época de auge minero-energético del 2010-2014.

Esta respuesta tan simplista desconoce al menos dos factores que claman por análisis más profundos: i) no es necesariamente cierto que si se acelerara el crecimiento entonces volveríamos a reducir el desempleo por debajo de 9%, pues están ocurriendo cambios estructurales a nivel de la demanda por trabajo sectorial debido a las innovaciones-digitales; y ii) continúan siendo oscuras las perspectivas exportadoras diferentes a los commodities, luego los multiplicadores laborales del sector externo seguramente seguirán con bajo dinamismo.

Así, no basta con afirmar simplemente que se requiere acelerar el crecimiento potencial (lo cual de hecho ha probado ser algo esquivo en años recientes), sino que es menester montar análisis sectoriales sobre la dupla crecimiento-absorción mano de obra a nivel de país. El gráfico adjunto ilustra cómo el sector de comercio-transporte-turismo es el principal generador de empleo en Colombia, al estar absorbiendo 27% de la mano de obra actualmente empleada. Sin embargo, la aceleración del PIB-real de ese sector, pasando del 1,6% al 4,7% anual durante 2017-2019 no se ha traducido en una mayor absorción de mano de obra.

En términos relativos ese sector comercio-turismo mantuvo el 27% de la demanda de trabajo y en términos dinámicos decreció al -1% anual, como ocurrió en el resto de la economía. Todo parece indicar que la agilidad resultante de las innovaciones digitales está permitiendo, como en el resto del mundo, atender con mayor eficiencia (menor uso de la mano de obra) las tareas de este sector, particularmente en comercio-turismo. Dicho de forma coloquial, los puestos generados por Rappi o Airbnb no alcanzan a compensar la destrucción de puestos de trabajo en el mundo tradicional del comercio al detal y de la hotelería-turismo.

Allí también se observa que los sectores del agro y la industria están teniendo problemas para ser potenciadores importantes de esa absorción de mano de obra en Colombia. Por ejemplo, el agro ha continuado desacelerándose de crecimientos de 8,1% real anual a solo 1,7% durante 2017-2019, lo cual difícilmente potenciará la mano de obra. Ha resultado algo sorprendente que la absorción de mano de obra agrícola no se haya comprimido por debajo del 16% del total, pero la recolección mecánica de cosechas seguirá mermando esa absorción de mano de obra.

Por ejemplo, se sabe que pronto el “pulsador-cafetero” reducirá en 50% los requerimientos de mano de obra al permitir calibrar las vibraciones sobre el tallo y así recoger más rápidamente los granos maduros. Si bien ello va en la dirección correcta de asegurar ganancias en productividad laboral cafetera, para poder enfrentar los bajos precios internacionales, este tipo de innovaciones pone de presente la tendencia secular hacia reducir la demanda por trabajo agrícola.

Algo similar ocurre con la industria de Colombia al mostrar absorción de mano de obra estancada a niveles de 12% del total. Esto a pesar de la moderada aceleración del crecimiento industrial, pasando de -2% a +2% anual durante 2017-2019. Los industriales también están en la tarea de volverse más competitivos a nivel global, pero esto implica mayor inversión en maquinaria y menor demanda por mano de obra. Se requeriría propulsar el sector industrial arriba de +5% anual para lograr esa doble combinación de modernización (ahorrativa en mano de obra), pero con mayor absorción de mano de obra en el agregado.

Por último, cabe mencionar que Colombia enfrenta una verdadera crisis exportadora en lo referido al sector agro, industria y en lo agroindustrial. Para “mover la aguja-exportadora” el país debe superar los obstáculos que le impiden escalar, por ejemplo, las exportaciones de aguacate o uchuvas. Mientras Perú exporta US$750 millones/año en aguacates y Chile US$1.000/año en cerezas, Colombia permanece estancada en US$80 millones/año en aguacates y US$30 millones/año en uchuvas. Así, desde hace cinco años Colombia permanece estancada en cifras de no más de los US$13.000 millones/año en exportaciones de agro e industria (representando tan solo 32% del valor total exportado de US$40.000 millones/año).

El mensaje central es que no basta con hacer pactos de competitividad y decir que “ojalá” se acelere la economía para que, de rebote, se solucione el problema del desempleo. Es menester pensar, diseñar y pilotear las estrategias sectoriales que a nivel de productividad global habrán de permitir absorber más mano de obra y diversificar nuestras exportaciones. En esta estrategia importa más el liderazgo del sector privado que el dirigismo Estatal de antaño. De no lograrse, seguiremos con elevados déficits en la cuenta externa (cercanos a 4% del PIB) y el elevado desempleo del 10%.