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Analistas 11/06/2024

Crecimiento, desigualdad e ideología

Sergio Clavijo
Prof. de la Universidad de los Andes

¿Qué tienen en común los mensajes de Stiglitz (2013, “The Price…”), Acemoglu-Johnson (2023, “Power and Progress”) y Mazzucato (2021, “Mission Economy”)? Básicamente, que el sistema capitalista ha fracasado en su función de proveer bienestar y que la democracia es inoperativa por efecto de la plutocracia y la toma del poder a manos de los ricos. Añaden todos ellos que la agenda Neoliberal y los TLC han puesto en desventaja a las empresas pequeñas y medianas y, supuestamente como resultado de todo ello, que el mundo (tanto emergente como desarrollado) estaría en una posición socio-económica mas precaria que, digamos, hace medio siglo (1950 Vs. 2025).

Como veremos, este enfoque “académico-izquierdista” está cargado de sesgos ideológicos y preocupa que desde las universidades de Columbia, MIT y Oxford se estén alimentando ataques institucionales que drenan la democracia. En noviembre 2024, se tiene alta probabilidad que, como en 1972, se reelija un Nixon-Trump, en vez de un Biden, quien ha manejado con buen tino la recuperación pos-covid y los graves conflictos con China, Rusia e Irán. Además, ha sabido Biden mediar para contener los excesos de Israel en su lucha contra los ataques fundamentalistas musulmanes.

Las cifras a mano nos indican lo errado de los postulados de dichos académicos: tanto en países desarrollados como en emergentes lo que vemos es un crecimiento dinámico, por supuesto con ciclos y fluctuaciones (como crisis Lehman 2008-2012 o efecto pandemia 2020-2021). En países desarrollados se ha tenido un crecimiento promedio de 2% real anual en las tres últimas décadas; y en los emergentes crecimientos de 5% real anual (o sea, expansiones reales per-cápita de 3% anual). También se constata que la pobreza se ha reducido a niveles de un dígito en los desarrollados y en emergentes cayendo prácticamente a la mitad (de 50% a 25% de la población). Esto se ha reflejado en una esperanza de vida al nacer que se ha elevado en casi cinco años en las tres últimas décadas, alcanzando 83 años en desarrollados y 78 años en países emergentes.

Luego esos autores (arriba mencionados) son víctimas de un sesgo evaluativo global proveniente de solo mirar la variable de distribución del ingreso (medida por el coeficiente Gini), lo cual les ha impedido ponderar adecuadamente tantas otras variables que conforman el bienestar. ¿Acaso se habrán percatado que el desempleo es de un solo dígito y bajando en el mundo desarrollado a niveles inimaginables de 4% en Estados Unidos y de 6% en Europa? Esto ha ocurrido en presencia de gran progreso tecnológico y de manera sostenida durante 2016-2024, excepto en pandemia (2020-2021).

Lo que tenemos a mano son claras señales de mejor bienestar. Y buena parte de este progreso proviene de la expansión de los TLCs-globales, curiosamente beneficiando mas a los emergentes que a los desarrollados (desde China, pasando por India e incluyendo a Brasil y México, Chile y Perú, pero con la triste excepción de Colombia, cuyas razones explicamos en S. Clavijo (2022, Documento Cede-Uniandes No. 44).

Todos esos autores olvidan que los llamados Brics (Brasil, Rusia, India y China) han escalado en su participación del PIB-global de 10% en 2000 a 27% en 2022, siendo estos donde se concentra la mayor caída en pobreza y los mayores desarrollos tecnológicos, incluidos los asociados a tecnologías digitales (en los casos de China e India). Ver gráfico adjunto.

Y esos autores vapulean la democracia y el sistema capitalista argumentando que el problema es que han existido las crisis asociadas a Enron (especulando con derivados en los mercados de energía); Lehman (crisis hipotecaria de Estados Unidos, Gran Bretaña, España y Grecia); y una supuesta lentitud en reaccionar al covid en 2020-2021.

Argumentan ellos que el problema es que la justicia no opera, pero olvidan que los principales culpables fueron a la cárcel (Madoff murió en ella pagando condena de 120 años y Backman ha sido condenado a 25 años por el caso de SVBank de 2022-2023) y olvidan que los propietarios de bienes en crisis han sido expropiados.

De hecho, el costo de la crisis financieras Lehman no fue de 6% del PIB (inicialmente calculado), sino de solo 1% del PIB al revenderse dichas entidades financieras a precios de mercado ya recuperados. Ni Stiglitz, ni Acemoglu-Johnson, ni Mazzucato analizan los resultados de haber aplicado mecanismos de solución de las crisis, sino se limitan a hablar de su estallido. Y concluyen que los juicios habrían sido sesgados a favor de los condenados, pues dichos autores abogaban por más años de cárcel; ¿acaso abogar “por el linchamiento” es una forma objetiva de evaluar lo acontecido?

Por último, Stiglitz, A-J y Mazzucato concluyen (sin ninguna evidencia a mano) que todo el sistema estaría mejor (incluyendo las vías, la salud y la educación) si el Estado se estuviera encargando directamente de la prestación de todos esos servicios. Pero la experiencia histórica les ha indicado a los gobernantes y a la democracia que ha sido una mejor alternativa las asociaciones público-privadas en todos esos frentes; luego no debe sorprendernos que los conferencistas preferidos por el Petrismo sean precisamente dichos académicos que comulgan con él en el sesgo ideológico anti-institucional, donde parecen más chiquillos inexpertos de 20 años que los requeridos “adultos responsables” de las universidades que representan.

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