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Analistas 06/03/2026

Modo avión en los colegios

La República Más

Colombia es el país de América del Sur que tiene más celulares por cada 100 personas y es segundo, detrás de El Salvador, en América Latina. En Colombia tenemos 167 celulares por cada 100 personas, lo que quiere decir que cada colombiano tiene más de un celular y medio (International Telecommunication Union, 2026), contando a los recién nacidos. Y es que el celular se ha vuelto un aditamento del cuerpo humano desde muy jóvenes. En promedio, un niño recibe su primer celular a los 11,6 años en el mundo (Universidad de Stanford, 2022), mientras en Colombia 35% de los niños entre 6 y 9 años ya tienen uno propio (CRC, 2024). En este sentido, existe una gran preocupación por el uso del celular en los colegios, pero ¿se debe o no restringir el uso de celular en los colegios?
Desde la década de los noventa comenzaron las primeras prohibiciones de celular en algunos colegios de Estados Unidos para combatir a los expendedores de drogas. Sin embargo, tras su popularización por los bajos costos unitarios, el ataque de un hombre armado en un colegio de Colorado en 1999 y los ataques del 11-S en 2001, se levantaron las restricciones, identificando que los celulares podían ser más prácticos que dañinos (Ballaro, Beverly y Ginsburg, Jill, 2024). De acuerdo con una encuesta nacional de 2008 en Estados Unidos, 60% de los estudiantes reconoció que, gracias al celular, ahora podían comunicarse con sus padres. Pero la llegada de las redes sociales, la pandemia del covid-19 y los chatbots de IA agregaron más complejidad al asunto. Hoy en día los jóvenes están expuestos a distracciones durante su tiempo de aprendizaje, riesgo de delegar actividades claves para su propio desarrollo cognitivo a la IA, ciberacoso, sexting, acoso, desinformación, aislamiento social y robo de datos. Con todo esto, para el entorno latinoamericano, los celulares siguen siendo un medio eficiente para que los padres mantengan comunicación con sus hijos, especialmente para asuntos médicos o de seguridad, por lo que no es claro el camino a seguir.

En Econometría Consultores pensamos que cuando la duda asalta, lo mejor es medir; y este parece ser el camino que se ha seguido desde los grandes think tanks de políticas públicas. Desde 2024, la Universidad de Stanford, el Banco Mundial y el BID apoyaron una iniciativa que busca medir el efecto de restringir el uso de dispositivos móviles, incluyendo celulares, en los colegios Uncoli de Bogotá. En los resultados preliminares se encontró que 61% de los docentes reportaron percibir mayor concentración en los estudiantes, 52% nota mayor participación en clase y 66% percibe más interacción social en los recreos; sin embargo, aún están pendientes los resultados sobre los efectos causales de la iniciativa. En 2025, Econometría Consultores ayudó al BID a implementar la iniciativa “Conectad@s de Verdad”, que promovía la restricción del uso de celulares en colegios públicos de Lima a través del uso de estuches personales que bloquean la señal. El estudio pretende medir los efectos de la restricción sobre habilidades socioemocionales y aunque los efectos causales aún están siendo analizados, el acompañar la implementación dejó algunas enseñanzas.

En primer lugar, es fundamental que la restricción sea socializada a los estudiantes desde la pedagogía, y no desde la prohibición. Naturalmente, los estudiantes van a presentar resistencia. Lo importante es que se exponga constantemente a los estudiantes los riesgos del uso del celular y que se les dé la oportunidad de expresar sus opiniones frente a la iniciativa. Sólo a través de las discusiones entre partes se podrá entender las necesidades de cada contexto y se podrá generar una restricción sostenible en el tiempo, en donde más allá de la prohibición se genere una cultura estudiantil por el uso adecuado de la tecnología. Adicionalmente, es importante que durante el proceso el cumplimiento de la restricción sea velado por el personal educativo.

En segundo lugar, es estratégico que la restricción a los celulares en los colegios venga acompañada del respaldo del personal educador. Si algunos educadores rechazan la iniciativa, es difícil que se pueda garantizar su cumplimiento adentro de la institución y esto implica que, más allá de la opinión personal del docente, se realicen jornadas pedagógicas en las que se exponga a los docentes los hallazgos científicos de estudios previos y se cree conciencia tanto de las ventajas, como de los riesgos, de exponer a los niños a los celulares. Esto permitirá que se diseñe una política matizada, que permita sacar el mayor provecho del uso del celular en contextos educativos, y minimice los riesgos durante las horas escolares.

En tercer lugar, es importante socializar la iniciativa con los padres o acudientes, para que ellos puedan respaldar la decisión desde los hogares. En principio, los padres pueden rechazar la iniciativa porque se sienten cohibidos de comunicarse con sus hijos, pero si se escuchan las necesidades de los padres, en paralelo al diseño de la iniciativa, se pueden trazar mecanismos que permitan que los padres sigan teniendo un canal de comunicación garantizado con los estudiantes en caso de emergencias, al mismo tiempo que se pueda restringir el uso de los celulares mitigando los riesgos.

Finalmente, es importante reconocer que, aunque ya existen varias iniciativas en el mundo que propenden por la restricción del celular en los colegios, una iniciativa exitosa puede fracasar en contextos diferentes, y esto aplica incluso adentro de un mismo país o municipio. El nivel de compromiso de los padres con la educación de sus hijos, la infraestructura del colegio, así como la coexistencia de actividades delictivas dentro de los colegios, puede dificultar el cumplimiento de la norma, y hasta poner en peligro a aquellos que velen por su cumplimiento adentro del plantel educativo.

En este sentido, más allá de promover la restricción de celulares en los colegios como una panacea, es importante adaptar al contexto sin perder la estrella polar: permitir las ventajas del uso del celular, minimizando los riesgos a los que están expuestos los estudiantes. Alguien habría pensado después de la invención del avión que lo mejor era prohibir su uso, ya que los riesgos de montar en uno eran muy altos frente a las ventajas de su uso. Pero tras muchas mediciones, y las investigaciones que hoy en día continúan tras cada catástrofe aérea, el avión se ha convertido en el medio de transporte más seguro del mundo. Prohibir por prohibir sólo retardará la exposición sin generar conciencia, y para esto es esencial que la restricción se diseñe en armonía con el contexto de cada colegio. Por esto, frente a la pregunta del primer párrafo, la respuesta es: depende de cómo; y para esto es importante medir los efectos de una restricción sobre las ventajas y riesgos del uso del celular, adaptado a cada contexto.

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