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El mercado accionario ha completado dos años (2024-2025) tratando de dilucidar si el sector de tecnologías digitales asociado a la inteligencia artificial IA estaría enfrentando una “burbuja especulativa” en este tercer año (2026) de elevadas inversiones.
El primer factor tiene que ver con el escalamiento de cuantiosas inversiones (capex) asociadas a la IA, al tiempo que no es nada clara la estrategia de rentabilidad de tales inversiones. Por el momento, los ingresos de las llamadas magníficas siete (Nvidia, Apple, Tesla, Microsoft, Alphabet, Meta, Amazon) suelen presentarse de manera agregada, lo cual impide distinguir bien el componente propiamente dicho de IA.
En el caso de Meta se ha estimado que tan solo 12% de sus ingresos -los llamados run rates comerciales- están asociados a la IA, mientras que en el caso de Microsoft esos ingresos solo llegan a 5% del total y para Amazon y Alphabet representan 3%-4%. Es probable que esta incidencia de la IA continúe en ascenso, pronosticándose que llegue a duplicarse hacia 2030. Pero, por el momento, su incidencia es baja.
Aquí cabe recordar el temerario paso de Apple al anunciar, en 2024, incluir acceso “gratis” a su IA, modificando su plataforma operativa. Pero la guerra arancelaria alteró sus planes. Aun si Apple elevara significativamente el precio de sus próximos modelos, incluyendo tecnología de IA, poco amortizaría sus inversiones por esta vía. La rentabilidad accionaria de Apple ha promediado 15% anual en 2022-2025, pero representando tan solo la mitad de la observada en las magníficas siete.
El segundo factor a considerar tiene que ver con el endeudamiento requerido para continuar escalando las inversiones en IA. En el gráfico adjunto ilustramos cómo la relación inversión en IA/utilidades ha venido creciendo, al pasar de un promedio cercano a 80% en 2024 a 200% que se está pronosticando para 2026. El caso más dramático es el de Amazon, pues aun en 2024 ese indicador marcaba un preocupante 126% y ascendió a 163% en 2025; actualmente se pronostica que llegaría a 300%.
Este excesivo apalancamiento no ha sido bien recibido por el mercado y la acción de Amazon se desplomó 12% tan pronto se supo que estaría incrementando de US$125.000 millones a US$200.000 millones sus inversiones en IA durante 2025-2026. Y aunque Google y Microsoft tenían esos indicadores de inversión por debajo de 100% de las utilidades en 2024-2025, ahora se pronostica que se elevarían a 130% y 150%, generalizándose así la preocupación por el excesivo apalancamiento asociado a las inversiones en IA.
Este factor de endeudamiento, además, tiene un ribete que oscurece el panorama financiero, pues dichos recursos provienen de grandes emisiones de bonos impulsadas por fondos de capital privado. Estos vehículos de financiamiento suelen eludir los exigentes criterios de aprobación de los bancos comerciales. Inclusive, importantes CEOs de banca comercial han venido señalando que ven “muchas cucarachas moviéndose tras dichos créditos, algunos de los cuales bien podrían resultar impagos”.
El cuarto factor de preocupación sobre el advenimiento de una eventual burbuja especulativa del sector tech-IA aparece claramente en los cálculos de la relación precio/ganancia de las firmas asociadas a las magníficas siete. Si bien la rentabilidad de estas firmas ha mostrado aguante y probabilidades de honrar crecimientos de 6%-8% anual en 2026, la relación precio/ganancia del mercado accionario luce costosa, a niveles de 27 para el índice S&P 500, frente a su promedio histórico de 23; y con relaciones de 40 en el caso de las acciones tecnológicas, frente a un histórico de 30.
Nvidia ha sido la firma más beneficiada con la IA al propulsar la venta de sus “rápidos chips gemelos”, requeridos por las magníficas siete para poder hacer uso de la IA. Esto se ha reflejado en una multiplicación de seis veces del valor accionario unitario de Nvidia durante 2023-2025 y en una rentabilidad accionaria promedio de 134% anual.
Tal vez la entidad con mejores perspectivas para mantener su valorización en el corto plazo es precisamente Nvidia, pues se apoya en la demanda masiva por sus valiosos procesadores. Pero hacia el mediano plazo Nvidia requeriría moverse a la fabricación directa de supercomputadores usando ese tipo de microchips, pues el auge de la IA luce incierto por su elevado costo energético.
Por el momento, Nvidia ha optado por una dudosa estrategia: salir a comprar firmas de importante tamaño que están demandando sus “procesadores paralelos”, con el propósito de mantener su demanda. Pero el problema es averiguar si esas firmas usuarias de los procesadores están o no rentabilizando la provisión del servicio de IA, sobre lo cual se tiene poca evidencia de mercado.
Esta estrategia de “financiamiento circular” (¿Lazy Susan?) oscurece, entonces, la evaluación de Nvidia como proveedor de chips avanzados, al mezclar su negocio con la provisión de servicios tecnológicos propiamente dichos. Por eso, diversos analistas han comenzado a hablar de una “nueva burbuja tecnológica”, liderada por estas magníficas siete, ahora contaminadas en sus negocios por los riesgos asociados a dicho financiamiento circular, que incluye importantes empresas como OpenAI, CoreWeave y SchedMD.
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