Comunicaciones

Uso responsable de la información

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La vertiginosa convergencia hacia el libre acceso y difusión de información por parte de cualquier individuo gracias a los importantes desarrollos implementados en las tecnologías de la información y las comunicaciones ha cambiado por completo la forma, cantidad y calidad de la información que circula en todas las latitudes del mundo.

La profundización del uso de la internet, la masificación de los dispositivos tecnológicos portátiles y el acceso masivo y recurrente a las redes sociales, nos sitúan en un ambiente informativo, en extremo diferente, al de hace apenas década y media. Lo que hoy experimentamos parece ser el punto más cercano de aquel ideal de libre flujo de información inmediata a tan solo un click, un hecho que, sin duda, moldea la manera en la que interactuamos y generamos opinión.

Sin embargo, este entorno no parece tan ideal cuando se indaga sobre la calidad y veracidad de la información. De hecho, hoy los debates sobre la generación de noticias y de publicaciones económicas, sociales y políticas han empezado a girar en torno a la calidad y a los sendos impactos que conllevan en la toma de decisiones de distintos órdenes. Por ello, el fenómeno de la posverdad o las fake news ocupa hoy un lugar preponderante en la configuración del accionar social.

Y es que la proliferación de las verdades a medias, las informaciones que distorsionan la realidad para manipular opiniones y creencias y las noticias falsas que ponen en duda la reputación de personas o instituciones, parecen haber encontrado un mundo ideal en el apetito insaciable por información inmediata. Es claro, entonces, que la necesidad permanente de consumir información, en ocasiones sin mayor control, trae consigo diversos riesgos que trascienden un círculo limitado y que pasan a permear procesos de acción colectiva y masiva.

Este nuevo panorama exige al individuo un reto importante. El proceso de decantar la información y de emplearla para generar impacto requiere necesariamente evaluar características como la relevancia, credibilidad, temporalidad y objetividad, así como el tipo de fuente de la que proviene.

Además, es necesario estar en la capacidad de realizar un balance concienzudo que permita reconocer qué tanto de la información corresponde a opiniones y qué tanto a hechos comprobables, así como de identificar la presencia de sesgos ideológicos, políticos y culturales que pueden generar distorsión en la información.

La ausencia de este tipo de controles objetivos sobre el exceso de información que disponemos hoy en día incrementa de forma significativa las posibilidades de tomar decisiones erróneas. Estos controles resultan imperativos sobre todo en situaciones en las que se deba evaluar información pública negativa de personas o empresas, donde el derecho a la presunción de inocencia puede verse vulnerado y, a la vez, en donde puedan generarse serias afectaciones en el orden político, económico y social.

Esta es una realidad que no solo les compete a los medios de comunicación. Es un hecho ineludible que debe asumir cada usuario de la información. El simple acto de “compartir” o “retuitear” noticias y/o mensajes nos convierte en un medio difusor de información, lo que desde luego debe invitarnos a ser cada vez más conscientes de los riesgos que vienen atados a este nuevo mundo de libre acceso y difusión de contenidos es así como entonces el uso responsable en el manejo de la información se ha convertido en uno de los grandes retos de la sociedad en la era digital.

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