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Santiago Castro - scastro@asobancaria.com

La revolución digital ha permitido mejorar los niveles de acceso y uso de internet de la población. La forma en que interactúan las personas con su entono se ha transformado por completo, incluso dejando al alcance de un clic el acceso a muchos bienes y servicios. En efecto, la masificación de este tipo de conexiones permitió el surgimiento del comercio electrónico o e-commerce, un nuevo concepto asociado a la distribución, mercadeo, venta o entrega de bienes y/o servicios hecha con medios electrónicos.

Esta nueva herramienta posee, sin duda, grandes virtudes en términos de competitividad de mercados y calidad de vida de los consumidores. En un mercado global donde las fronteras geográficas se desvanecen gracias a la expansión digital, son múltiples los beneficios que se obtienen en reducción de costos, expansión de mercados potenciales, mayor oferta de productos, mejora en la eficiencia de procesos e incremento en la productividad. Además, proporciona una mayor comodidad, ahorro de tiempo, y el acceso a diversas ofertas y promociones al servicio del consumidor.

En el contexto regional, Brasil, Argentina y México cobijan cerca de 80% del mercado de comercio electrónico en América Latina. Colombia aparece en el quinto lugar, con tan solo 4,4%, según BlackShip. Pese a la baja importancia relativa del comercio electrónico del país, este exhibe un avance significativo en adopción de tecnologías y tendencias de compras y ventas no presenciales en los últimos años. Mientras en 2013 los montos transados por este tipo de comercio se acercaban a US$ 5,4 millones, ya en 2017 este monto se había triplicado, bordeando US$17,9 millones. Se espera que para 2021 se acerque a US$26,1 millones.

No obstante, las brechas son considerables y aún falta posicionar el comercio electrónico como una verdadera cultura de compra y venta en internet. Según cifras de MinTic, solo 20% de personas mayores de 15 años, usuarios de internet, realizan e-commerce, en contraste con 90% de usuarios que realizan alguna actividad asociada al comercio electrónico. Además, 85% de los consumidores realiza actividades de e-commerce en comercios nacionales, frente a 14% que las realiza en comercios internacionales, lo que evidencia que esta actividad está muy arraigada al ámbito nacional y que los colombianos aún son muy temerosos de las compras internacionales.

Sumado a esto, no deben perderse de vista las oportunidades de mejora que presenta el desarrollo del comercio bajo esta modalidad. De un lado, la confianza de los consumidores debe fortalecerse mediante políticas públicas que no solo promueva estos canales digitales, sino que impulsen la educación de los consumidores sobre sus derechos y deberes para sacar el mejor provecho de estas tecnologías, garantizando la seguridad al momento de generar estas transacciones. De otro lado, se requiere una mayor promoción de estos canales pues, como evidencian las cifras, aunque hay mucho espacio para expandir el e-commerce en el país, el uso excesivo de efectivo por parte de los colombianos continúa limitando la actividad.

En consecuencia, para un desarrollo óptimo del comercio electrónico como agente complementario al comercio físico, que permita la propagación de sus beneficios a la sociedad, se deberán implementar medidas encaminadas a establecer un entorno regulatorio, de infraestructura y políticas públicas que permita fortalecer y desarrollar una modalidad de comercio que ha ganado fuerza y que sin duda seguirá expandiéndose en los próximos años.

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