Analistas

Sí existe y es ejemplo…

En un entorno donde se dice que el mundo está en crisis, que pareciese que no hay solución, y donde la desesperanza, la constante quejadera y hasta la pérdida del sentido del bien común es lo cotidiano; existe un país que brinda la esperanza, y la certeza que con voluntad de tomar decisiones e implementarlas, sí es posible avanzar, confiar y respetar. No me refiero a un país de latitudes lejanas o de culturas muy diferentes a la nuestra; sino a un país que está muy cerca, que es pequeño, pero muy grande en moral y coherencia.

Un país con 51.000 Km2, de los cuales la cuarta parte de su territorio son Parques Naturales, reservas biológicas y forestales; porque desde 1970 tomaron la decisión de preservar su belleza natural y proteger la flora y la fauna. 

En este lugar, la naturaleza no es un accesorio, sino que es la esencia del país, y en torno a ella es que se construye su desarrollo sostenible. Por ejemplo, en el año 2016, 98% de la energía que consumió, provino de fuentes renovables; la cual gestionan de acuerdo con sus condiciones climáticas, mezclando hidroeléctricas, geotermia, plantas eólicas, biomasa y paneles solares. 

Un lugar, que tiene una verdadera cultura ambiental que se respira, y se vive en cada rincón del país. Cultura que está soportada no solo en la convicción de sus habitantes; sino que tiene el respaldo de políticas públicas que se promueven, protegen y respetan. Aquí la economía y el medio ambiente van de la mano; su PIB en 2015 fue 3,7% y se estima 4,1% en 2016. 

Un país que tuvo un presidente que pensó más allá de los límites de su Estado y logró la paz de una región. Un líder que piensa que la política de altura está para construir, avanzar y no para destruir, para atacar o para obstaculizar. 

Un lugar que sorprende porque se vive lo esencial, donde es común que el conductor del bus salude, y los usuarios le agradezcan por llevarlos a su destino, con un sencillo y valioso gracias, o hasta un “Dios lo guarde”.

Un lugar, donde la recomendación es que debes cerrar las puertas y ventanas, no por temor a ser asaltados por delincuentes; sino porque pueden entrar animales, o mucho aire, o llover. Un lugar, donde la sonrisa no es exclusiva para los amigos, ya que existe confianza, la gente se cuida entre sí, y se respeta.

Un lugar, que no tiene ejército, y por ello las madres dan a luz a sus hijos con la certeza de que ellos no morirán en la guerra. Un país que tiene una policía para preservar la convivencia pacífica, con enfoque humanitario y ambiental.

Un lugar, donde está la Universidad para la paz, de Naciones Unidas, que convoca, investiga, moviliza para alcanzar una paz estable y duradera en el mundo. Un espacio multicultural con personas de todas las latitudes, que evidencian que es en la diferencia y la complementariedad donde se construye la paz. 

Un lugar que acoge a la Corte Interamericana de los Derechos Humanos, donde la justicia tiene rostro, se escuchan a las partes con igualdad, los Estados asumen su responsabilidad internacional de violaciones a la dignidad humana, y en un marco de protocolo jurídico se vive también la solidaridad. 

Un país que da ejemplo, y particularmente para nuestra Colombia, de cómo vivir en paz, de cómo dignificar la vida desde el respeto, la confianza y el disfrute de la naturaleza. El lugar donde el eslogan de su marca país, no es solo una frase, sino que está en su cotidianidad, su política de desarrollo, en la cultura de su gente y su saludo. Mucho por aprender de un país “Pura Vida” – Costa Rica.