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Oportunidad para la comunicación

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Sandra I. Fuentes Martínez

Frente al contexto actual necesitamos renovar la comunicación entre el Gobierno y sus gobernados para propiciar unión en lugar de división y donde lo que nos una sea el respeto a la vida digna y en paz. Esta comunicación debe tener una narrativa con lenguaje incluyente, de construcción conjunta, de reconciliación y que brinde esperanza en un futuro donde nadie se quede atrás. Necesitamos evolucionar hacia una comunicación no violenta.

En las últimas semanas hemos vivido el poder que tiene la comunicación, y más aún, cuando la información, cierta o no, se propaga a través de las redes sociales, promueve la división y el odio, masifica en instantes rumores para generar miedo o convertirlos en violencia. Además, a ello se suma una narrativa política que cierra las puertas de una escucha activa y en lugar de salir al encuentro; sale a la defensa estableciendo bandos.

La narrativa de “Un político jamás debe sembrar odio y miedo, tan sólo esperanza”, dice el Papa Francisco. En este sentido es que se construye la comunicación no violenta propuesta por Marshall Rosenberg, quien la define como las habilidades del lenguaje y la comunicación que refuerzan la capacidad para conservar nuestra humanidad, incluso en condiciones difíciles. Es la manera para reestructurar el cómo nos expresamos y cómo nos escuchamos. Es expresarse con honestidad y claridad, prestando al mismo tiempo una atención respetuosa y empatía con el otro, que es un ser humano como nosotros. Es observar y comprender con atención y ser capaces de identificar las situaciones que afectan a la mayoría de una manera compasiva desde un nosotros. Esto implica no solo cambiar el lenguaje y las acciones; sino entrar en un nuevo estado de conciencia de sociedad.

La comunicación no violenta, por una parte, requiere que las peticiones que se hagan se formulen en un lenguaje de acción, claro, propositivo y concreto, revelando lo que se quiere, en propuestas específicas que expresen las necesidades y no solo expresar aquello en lo que no se está de acuerdo; porque el lenguaje vago lleva a la confusión y luego a la frustración de no obtener respuestas frente a lo que se solicita.

Por otra parte, el que recibe la petición debe hacerlo con empatía y esta se produce cuando se desprende de todas las ideas preconcebidas y juicios sobre las personas que estamos escuchando. Cuando se crean estereotipos o bandos al escuchar, no hay comprensión porque no se crea un nosotros para avanzar.

En nuestro contexto complejo, la comunicación y las relaciones requieren de un cambio, y esto es lo primero que debemos aplicar. Se requiere aprender nuevamente a construir relaciones humanas en todas las esferas de la sociedad, desde las familias, organizaciones y de forma urgente desde las Instituciones de gobierno. Humanizar las relaciones desde la no violencia para lograr la convivencia pacífica, recuperar la capacidad de vivir juntos, y el respeto a la vida al educar y comprender cuál es nuestra responsabilidad en la comunidad de vida.

Este cambio de humanizar las relaciones es un camino que se debe empezar a transitar como país; lo primero es eliminar la indiferencia a las necesidades de la mayoría, dejar de invisibilizar las injusticias que se cometen con las poblaciones vulnerables y la carencia de una cultura del encuentro. Estamos frente a una gran oportunidad para la gestión efectiva de la comunicación no violenta y humanizada.

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