Analistas

No procrastinar

Pareciese un mandamiento, y aunque no lo es, sí es necesario dejar de aplicarlo, así como erradicarlo de nuestra forma de vida si queremos mitigar la alta vulnerabilidad humana en la cual vivimos.

La humanidad se ha vuelto especialista en procrastinar, es decir, en aplazar, postergar, posponer y retrasar decisiones, voluntades y acciones que requieren una atención urgente. Muchas de las acciones que afectan comunidad y se realizan son superficiales, irrelevantes que, aunque políticamente populares, pueden ser incorrectas y estén llevando a una crisis planetaria. 

Estamos viviendo al borde de muchos límites, algunos sin punto de retorno, otros tan extremos que recuperar lo perdido tomará varias generaciones. Estos límites se han advertido desde diferentes actores globales, uno de ellos el Foro Económico Mundial que para 2017 presentó los 10 riesgos globales de 2017, de los cuales cuatro de alta probabilidad son relacionados con el medio ambiente: fenómenos meteorológicos extremos, falta de mitigación y adaptación al cambio climático, catástrofes naturales y crisis del agua. 

Este límite medio ambiental al que hemos llegado se refleja en la pérdida de cientos, miles y millones de vidas anualmente. Recientemente tocó a la puerta de nuestro país, en una región donde se había anticipado este riesgo, pero la cultura de procrastinar impidió prevenir y tomar acciones contundentes para salvar cientos de vidas.

Estas decisiones de prevenir, de anticiparse y de cambiar formas de vida respetando nuestros recursos naturales; no son únicamente del talante del gobierno de turno al formular políticas públicas, proyectos e iniciativas; sino que implica el cambio en el estilo de vida de todos los habitantes del planeta y con mayor énfasis en las ciudades.

Según ONU Medio Ambiente, las ciudades producen entre  60% y 80% de todas las emisiones de gases efecto invernadero, causantes del cambio climático, consumen 75% de los recursos naturales y producen  50% de los residuos. De continuar así, se requerirían para  2030 dos planetas para mantener una población estimada de 8.500 millones de personas.  Además, más de 80% de las ciudades del mundo tienen niveles de contaminación que superan los límites establecidos en las directrices de la Organización Mundial de la Salud sobre inocuidad del aire. 

Con este panorama que nos afecta y que requiere del involucramiento de todos, para cambiar una tendencia que se incrementa día a día, y pone en peligro el bienestar, salud y la vida misma de millones de personas, se visualiza una posible solución que va más allá de estar informados de lo que está pasando; para ser conscientes que el cambio inicia en cada uno y que aprender el cómo hacerlo es lo imperativo para llevarlo a la práctica y transformar estas realidades. 

Aprender el cómo permite una movilización fácil y organizada; un ejemplo de ello es lo vivido esta semana, donde nos hemos unido a un solo clamor de solidaridad por miles de colombianos damnificados de Mocoa. 

Se ha logrado unir porque se dijo el cómo, es decir, se explicó cuáles son puntos de acopios de las ayudas, qué tipo de ayudas y qué profesionales voluntarios se requieren, y se ha comunicado permanentemente los avances para recuperar lo más pronto posible algo de bienestar a las personas afectadas.  Tal vez, una posible causa de la procrastinación actual es que se habla mucho de lo que pasa, pero no se explica o no se construye de manera conjunta soluciones. Pasemos a encontrar los “cómos” que transformen realidades que nos tienen al límite.