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Narrativa para fortalecer el relacionamiento

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Las últimas décadas hemos estado envueltos en cambios permanentes de velocidad en nuestro entorno, ocasionado en gran medida por los avances tecnológicos. Algo que puede parecer insignificante pero muy visible actualmente, es cómo las imágenes han cambiado la manera de contar la cotidianidad; antes tomábamos una fotografía y existía la expectativa de casi 15 días por ver el momento que había quedado congelado en el tiempo con el temor de que saliera movida o que se velara el rollo y luego al tener la fotografía en las manos se reunía la familia y los amigos para recordar y contar las historias a viva voz y continuar compartiendo momentos especiales. Ahora solo pasan milésimas de segundo para ver una imagen capturada y la única preocupación es por tener batería o espacio de memoria; también compartirlas está ahora a un solo clic con la respuesta de quienes las reciben limitadas a íconos, o palabras como qué bonito, me gusta o qué chévere y en el nuevo lenguaje tqm, fcpch o qdtb. 

Se dice que una imagen vale más que mil palabras pero una imagen mal interpretada puede afectar la reputación de una persona o de una organización. Antes la imagen iba acompañada de una historia, ahora el contenido de los mensajes es cada vez más corto no por la búsqueda de que sean más claros sino por la afirmación generalizada de que ahora la gente no lee.

Esto ejemplifica la nueva cultura de inmediatez que estamos viviendo donde la realidad es contada en línea, pero con varios riesgos de subjetividad, historias incompletas y alimentar estereotipos. 

En este nuevo contexto, el contar historias es cotidiano e inmediato, estamos más conectados pero a la vez más desconectados y las empresas buscan casi imperativamente construir vínculos con sus grupos de interés para ganar confianza a través de mensajes y no de relaciones.

Estamos frente a una paradoja de querer estar cerca pero a la vez no involucrarse del todo y esto nos está llevando a vivir una mediatización de las relaciones; antes, al no emplear los medios para relacionarnos, teníamos contexto y contacto, aspectos que debemos recuperar. 

Algunas ideas para contrarrestar la hiperconectividad y humanizar las relaciones son fortalecer las habilidades relacionales, construir más que mensajes narrativas organizacionales y propiciar espacios de diálogo.

Hace un tiempo la prioridad era entrenar a los equipos en habilidades de expresión oral, hoy la prioridad es aprender a escuchar para potencializar la atención y la comprensión no solo de las tareas que se deben realizar para ser más productivos; sino también para comprender la realidad de las personas que tenemos a nuestro lado como los clientes o usuarios de un servicio para dar respuesta oportuna y para trabajar en equipo con nuestros pares y ser más productivos. 

Las organizaciones están llenas de mensajes, de temas que comunicar y con ello están saturando a sus audiencias con el resultado de no lograr compresión y no contar con un hilo conductor en su comunicación. Este panorama cambia si pasamos de una lista de mensajes a una historia que es la construcción de una narrativa donde se articulen temas y tengan una coherencia ligada a la identidad y a la reputación que se quiere consolidar. 

Pasemos del clic a diálogos humanos, el diálogo es el puente para encontrar puntos en común, para incrementar la innovación y la renovación de las organizaciones, para construir conocimiento colectivo y para construir de forma conjunta la organización. El diálogo no mediatizado nos permite tener contexto y contacto para volver a escucharnos. 

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