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La educación, una tarea pendiente por asumir

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Últimamente escuchamos de forma reiterada, expresiones como: estamos viviendo una crisis y pérdida de valores, la gente ya no es como era hace unos años y antes se enseñaba a respetar. 

Esta percepción surge al observar comportamientos cotidianos y frecuentes que se caracterizan por su individualismo, por su falta de solidaridad, de tolerancia y de coherencia.  

Frente a situaciones cuando algo no funciona, lo primero que se hace es buscar culpables y en este caso la mirada se ha puesto únicamente en las entidades educativas para señalar que son ellas las que están fallando en sus procesos de formación y por esto la sociedad se ha deteriorado.

Pero al hablar de educación debemos tener una mirada integradora y tener presente que esto es un proceso que inicia en la familia, se fortalece en las entidades educativas y se refuerza en las organizaciones. Este es el primer reto, ver la educación como un PROCESO CORRESPONSABLE Y PERMANENTE, porque nunca se terminan de forjar los valores, los principios y el carácter, al igual que formar las habilidades y consolidar los conocimientos. El asumir la educación como un proceso desvirtúa la visión fraccionada que se tiene, como si fuese una carrera de relevos, donde la familia hace el trabajo de formación los primeros años de vida y luego entrega la responsabilidad a las entidades educativas y posteriormente éstas entregan el deber a las organizaciones. Y el resultado de esta carrera de relevos lo recibe la sociedad. La solución es involucrarse y articular estas relaciones asumiendo el rol que cada una tiene y sus deberes.

Otro aspecto a tener presente es ASUMIR LA RESPONSABILIDAD Y FORTALECER LA VOCACIÓN. Todos somos formadores y aprendices a la vez; todos los días se aprende y en nuestras relaciones enseñamos de forma permanente con nuestros comportamientos. Para asumir esta responsabilidad lo primero que se debe tomar es conciencia de ello y luego entrenarnos para lograr la efectividad en esta labor. Este entrenamiento no se limita a los padres, los profesores o a los directivos de una organización, sino que se irradia a cada uno de nosotros, ya que la responsabilidad de formar es de todos. Una de las principales habilidades es la escucha porque es la base para conocer al otro. Un valor esencial es el respeto ya que es el fundamento para formar comunidad. Ser formador no es un oficio, sino una vocación porque esto implica tener pasión por enseñar, y lo más relevante, ser una persona ejemplo.

Además se requiere comprender la educación como una FORMACIÓN PARA LA INTEGRIDAD HUMANA. La formación implica trabajar en el conocer, en el ser y en el hacer, y esta triada se debe gestionar de forma equilibrada porque podemos impartir conocimientos pero estos sin un comportamiento ético no tienen ningún valor. Por ello, no solo se debe atender y fortalecer las facultades intelectuales, es decir el conocer; sino que con la realidad actual la prioridad es hacer una cruzada para fortalecer el ser y su espiritualidad, hacer énfasis y focalizarse en formar personas con excelente calidad humana que tomen decisiones en un marco moral de respeto y que esto se refleje en el uso responsable de su libertad con comportamientos basados en valores y principios individuales.

Hemos dicho que la educación es un proceso permanente a lo largo de la vida y quiero que tengamos presente esta temporalidad para evidenciar la gran oportunidad que tienen las organizaciones en el afianzamiento de la formación.  La vida escolar y universitaria es de 16 años, pero la vida laboral es de más de 30 años. En las organizaciones es donde pasamos más tiempo de nuestra vida y es aquí donde al igual que la familia se puede formar con mayor continuidad.

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